Damasco, 22 ene (SANA) Desde su llegada al poder tras el golpe militar de marzo de 1963, el Partido Baaz se convirtió en un actor central en el proceso de debilitamiento progresivo de la sociedad siria y de erosión de sus instituciones políticas, sociales y económicas. A través de políticas sistemáticas basadas en la exclusión, la concentración del poder y la supresión del pluralismo, el partido subordinó el Estado y la vida pública a una estructura partidaria estrechamente vinculada a los aparatos de seguridad.
Del golpe militar al control absoluto del Estado
El ascenso del Partido Baaz estuvo estrechamente ligado a su penetración en el estamento militar y a su papel en la cadena de golpes de Estado que marcaron la vida política siria en las décadas de 1950 y 1960. Una vez consolidado en el poder, el partido avanzó en la disolución o marginación de las fuerzas políticas rivales, neutralizó a las élites políticas e intelectuales independientes y paralizó la vida parlamentaria, eliminando en la práctica cualquier posibilidad de alternancia democrática.
De forma paralela, el partido impuso su hegemonía sobre sindicatos y asociaciones profesionales, transformándolos en instrumentos de control político sin autonomía ni capacidad de representación independiente. La restricción de la prensa, el cierre de medios independientes y la censura sistemática contribuyeron a la asfixia del espacio público y al debilitamiento sostenido de la sociedad civil.
Parálisis económica y hegemonía organizativa
En el plano económico, las decisiones centralizadas y frecuentemente improvisadas adoptadas por el régimen baazista minaron la iniciativa privada, distorsionaron los mecanismos productivos y favorecieron la consolidación de una economía rentista vinculada al poder político y de seguridad. Estas políticas erosionaron la clase media y profundizaron las desigualdades sociales.
Al mismo tiempo, el Partido Baaz consolidó una vasta red organizativa mediante la creación de filiales en todas las provincias, universidades, instituciones militares y organismos de seguridad. De este modo, el Estado quedó progresivamente supeditado a la estructura partidaria, dando lugar a lo que numerosos analistas han descrito como un “Estado baazista”, en el que la lealtad al partido se convirtió en un requisito esencial para el ascenso social y profesional.
De la dictadura del partido a la del individuo
Con la llegada de Hafez Al-Assad al poder en 1970, Siria pasó de una dictadura de partido a un sistema centrado en la figura del líder, sin que ello supusiera una pérdida de protagonismo del Partido Baaz, que continuó funcionando como herramienta política y de control. Se reforzó entonces una cultura de lealtad personal, promovida a través de organizaciones afiliadas como las Vanguards del Baaz y la Unión de la Juventud Revolucionaria.
Este modelo se consolidó constitucionalmente con la Constitución de 1973, que consagró al Partido Baaz como “líder del Estado y la sociedad”. En paralelo, la creación del denominado Frente Nacional Progresista institucionalizó un pluralismo limitado y controlado, integrando a partidos subordinados y fragmentados, incapaces de ejercer una oposición real.
Militarización de la educación y del espacio social
Uno de los aspectos más críticos del proyecto baazista fue la subordinación del sistema educativo, especialmente de la educación superior, a criterios de control político y de seguridad. La militarización de la sociedad se expresó en la creación de milicias partidarias, como las Brigadas Baaz, y en la implantación de mecanismos de vigilancia dentro de las universidades mediante oficinas de enlace de los servicios de seguridad.
El control del acceso a becas y programas de formación en el extranjero, reservado mayoritariamente a miembros del partido, permitió al régimen moldear el cuerpo docente universitario y limitar la independencia académica. Algunas facultades y disciplinas quedaron sujetas a un control particularmente estricto, lo que debilitó la función crítica y científica de las instituciones educativas.
Sectarización del poder y erosión de la identidad nacional
Las políticas del Partido Baaz, especialmente a partir de la década de 1970, contribuyeron a una progresiva sectarización de las estructuras de poder y de los organismos clave del Estado. Este proceso debilitó la identidad nacional inclusiva y profundizó fracturas sociales que fueron instrumentalizadas para consolidar el control político y desacreditar cualquier demanda de cambio, asociándola al riesgo de desestabilización o conflicto interno.
La violencia sistemática como método de gobierno
La represión y el uso sistemático de la violencia se convirtieron en pilares fundamentales del modelo de gobernanza baazista. Episodios ampliamente documentados, como la masacre de Hama en 1982, las campañas masivas de detenciones durante los años ochenta y la actuación de tribunales excepcionales como el Tribunal Supremo de Seguridad del Estado, reflejan un patrón de gobierno basado en el miedo y la coerción, al margen de las garantías judiciales.
Descomposición social y debilitamiento estructural del Estado
El conjunto de estas políticas condujo a la fragmentación del tejido social sirio y al vaciamiento de las instituciones estatales en favor de un entramado cerrado de partido y seguridad. Las consecuencias de este proceso siguen siendo visibles en la realidad política y social del país y representan un desafío central para cualquier proyecto orientado a reconstruir la vida pública sobre bases de pluralismo, ciudadanía, legalidad y participación efectiva.
Por Watfeh Salloum