Damasco, 21 ene (SANA) Rifaat Al-Assad, señalado como responsable de una de las páginas más sangrientas de la historia contemporánea de Siria, falleció este miércoles, dejando una profunda herida en la memoria colectiva del país por su implicación directa en la masacre de Hama de 1982, que costó la vida a más de 40 mil personas.
La operación militar contra la ciudad de Hama, dirigida por Rifaat al frente de fuerzas especiales fuera del control del Ejército regular, se prolongó durante 27 días y provocó, según estimaciones de organizaciones de derechos humanos, decenas de miles de muertos y una destrucción masiva de la infraestructura urbana. Sin embargo, este episodio no fue el único crimen atribuido a quien durante décadas simbolizó la represión y la impunidad.
Dos años antes, tras un intento de asesinato contra su hermano el criminal Hafez Al-Assad en junio de 1980, Rifaat ordenó una masacre en la prisión de Tadmor (Palmira), donde cientos de presos políticos fueron ejecutados, en uno de los actos de represalia más brutales registrados en Siria.
“Sarayas de Defensa” y la construcción de un poder paralelo
Durante la década de 1970, Rifaat Al-Assad consolidó una amplia influencia militar y política al crear las llamadas “Sarayas de Defensa”, una fuerza armada paralela que no respondía al mando del Ejército y llegó a contar con unos 40 mil efectivos.
Ese poder se extendió también a ámbitos civiles e institucionales. Rifaat ocupó cargos como presidente del Tribunal Constitucional y responsable de instancias vinculadas a la educación superior, en un intento de afianzar su red de control dentro del Estado.
Sus ambiciones, no obstante, superaron el rol asignado por su hermano. En 1984, aprovechando una grave enfermedad de Hafez Al-Assad, intentó dar un golpe de Estado. Tras tensiones limitadas, se alcanzó un acuerdo político que derivó en su salida del país y en su progresivo aislamiento del escenario sirio.
Del exilio al enriquecimiento ilícito
Al abandonar Siria, Rifaat Al-Assad trasladó al extranjero una enorme fortuna, presuntamente obtenida de fondos públicos, presupuestos de las Sarayas de Defensa y compensaciones económicas otorgadas a cambio de renunciar a sus aspiraciones políticas.
Durante décadas de residencia en países como Francia, España, Reino Unido y Rusia, convirtió esos recursos en un vasto imperio económico. Fue conocido por sus inversiones inmobiliarias de lujo, entre ellas un hotel cinco estrellas en España, un palacio en la avenida de los Campos Elíseos en París y una residencia en Londres valorada en millones de libras esterlinas. Incursionó además en el ámbito mediático mediante la creación de la cadena satelital ANN y otros medios de comunicación.
Procesos judiciales internacionales y recuperación de activos
Rifaat Al-Assad fue perseguido judicialmente por delitos de corrupción y malversación desde su salida de Siria. En junio de 2020, un tribunal francés lo condenó a cuatro años de prisión y ordenó la confiscación de bienes inmobiliarios valorados en unos 100 millones de dólares, tras hallarlo culpable de lavado de dinero, fraude fiscal y apropiación de fondos públicos sirios.
El pasado 12 de enero, las autoridades francesas anunciaron su disposición a devolver a Siria 32 millones de euros procedentes de activos incautados, luego de que la justicia determinara que dichos fondos habían sido sustraídos del erario público sirio.
Un legado de violencia y saqueo
Con su fallecimiento, Rifaat Al-Assad es recordado como uno de los símbolos más notorios de una etapa marcada por la represión extrema y el autoritarismo en Siria. Su trayectoria combinó la violencia sistemática contra la población civil con el uso de los recursos del Estado para el enriquecimiento personal.
Entre las masacres de Tadmor y Hama, y entre palacios europeos y fortunas acumuladas en el exilio, su nombre queda asociado a un rostro particularmente cruel del antiguo poder: el de la brutalidad, la corrupción estructural y la impunidad prolongada, cuyo costo humano fue pagado por generaciones de sirios.