Idlib, 16 ene (SANA) Con la llegada del invierno, el frío vuelve a golpear con fuerza a miles de familias desplazadas en el norte de Siria, especialmente a aquellas que viven en campamentos improvisados cerca de la frontera con Turkiye.
En un contexto marcado por la precariedad económica, el aumento sostenido de los precios y la escasez de combustibles tradicionales, la calefacción se ha convertido en un desafío central para la supervivencia cotidiana.
Durante años, las familias sirias recurrieron a estufas que funcionaban con diésel, leña u orujo de aceituna. Sin embargo, el elevado costo del combustible y su limitada disponibilidad han impulsado la búsqueda de alternativas más asequibles. En este escenario, las estufas que utilizan cáscara de pistacho se han consolidado como una opción cada vez más extendida en varias zonas del norte del país.
Una solución surgida de la escasez
La falta de diésel en amplias regiones ha sido uno de los principales factores que ha favorecido la adopción de este tipo de calefacción. Las estufas de cáscara de pistacho permiten reducir los gastos y, al mismo tiempo, aprovechar un residuo agrícola, lo que las convierte en una opción de bajo costo y menor impacto ambiental.

El origen de esta iniciativa se remonta a la localidad de Khan Sheikhoun, conocida por sus cultivos de pistacho. Según fuentes locales, la idea comenzó a desarrollarse en 2019, cuando las cáscaras se acumulaban como desecho tras la cosecha. Los primeros modelos eran rudimentarios, pero con el tiempo se mejoraron, incorporando depósitos adicionales que facilitaban el suministro continuo de combustible hacia la caldera.
Tras la ofensiva militar del entonces ex régimen sirio y el desplazamiento forzoso de la población de Khan Sheikhoun, la experiencia se trasladó a otras zonas del norte del país, donde fue adoptada rápidamente por comunidades afectadas por la guerra.
Menor coste frente al diésel
Waseem Sweid, ingeniero civil residente en Idlib, explicó que comenzó a utilizar una estufa de cáscara de pistacho debido al alto precio del diésel y a la mala calidad del combustible disponible. Según señaló, el ahorro es considerable, calentar una vivienda durante unas 14 horas diarias con cáscaras supone aproximadamente un tercio del coste que tendría hacerlo con diésel.
Este factor económico ha sido clave para la expansión de esta alternativa entre las familias desplazadas, que dependen en gran medida de ayudas humanitarias o de ingresos irregulares.
Escasez de materia prima e importaciones
La expansión del uso de estas estufas ha generado, sin embargo, una creciente demanda de cáscaras de pistacho. Desde 2019, tras el control del régimen depuesto sobre el norte de Hama y el sur de Idlib, el acceso local a este residuo agrícola se ha visto severamente limitado.

Ante esta situación, comerciantes locales han comenzado a importar cáscaras desde Turkiye y, posteriormente, desde países como Irán, Georgia y Estados Unidos. El precio de venta oscila entre los 130 y los 180 dólares por tonelada. Para reducir costes, algunos usuarios mezclan cáscaras de pistacho con otros residuos agrícolas, como cáscaras de avellana, almendra o huesos de albaricoque.
Evolución del diseño y adaptación a los campamentos
Paralelamente, la fabricación de estas estufas ha evolucionado. Los modelos iniciales, elaborados con hierro corrugado, han dado paso a diseños de aluminio más eficientes y personalizables. En los campamentos, se han introducido adaptaciones prácticas, como hornos integrados para cocinar, que permiten reducir el consumo de gas.
Algunos modelos incorporan incluso sistemas automáticos de alimentación del combustible, alimentados por baterías solares. El precio de las estufas varía entre los 40 y los 250 dólares, según el tamaño, los materiales y las prestaciones.
Costes y consumo durante el invierno
De acuerdo con estimaciones locales, una familia necesita entre 1,3 toneladas de cáscaras de pistacho para mantener la estufa encendida entre 12 y 14 horas diarias durante el invierno.
El consumo varía según el entorno. En zonas urbanas, una familia puede necesitar alrededor de 800 kilogramos de cáscaras al año, mientras que en áreas rurales la cifra supera habitualmente la tonelada.
Debate sanitario
En los últimos meses, han circulado advertencias sobre posibles riesgos para la salud asociados al uso de cáscaras de pistacho como combustible. No obstante, especialistas aseguraron que estas no reciben tratamientos químicos y que su combustión no difiere sustancialmente de la de otros residuos agrícolas, siempre que se utilicen en estufas adecuadas y con ventilación suficiente.
La experiencia de las estufas de cáscara de pistacho es solo una muestra más de la capacidad de resistencia del pueblo sirio frente a años de guerra, desplazamiento y privaciones. En medio de la escasez, la destrucción y el abandono, los sirios han demostrado una notable habilidad para adaptarse, transformar la necesidad en innovación y encontrar soluciones incluso en las condiciones más adversas.
Esta resiliencia cotidiana, silenciosa y persistente, refleja no solo una lucha por sobrevivir al invierno o a la pobreza energética, sino una determinación profunda por preservar la dignidad, la vida y la esperanza, pese a un contexto que sigue imponiendo enormes desafíos.
Por Watfeh Salloum/fm-em
