Latakia–Tartus, 15 ene (SANA) Siria, cuna de algunas de las civilizaciones más antiguas del mundo, ha sido escenario del paso de múltiples culturas que dejaron su impronta en el tejido social y cultural del país.
Ese legado perdura hasta hoy en rituales y festividades estrechamente vinculados a la naturaleza y al ritmo de la vida agrícola. Entre ellos destaca el Festival de Qozaleh, una celebración profundamente arraigada en la memoria popular de los sirios, especialmente en las zonas rurales de la costa.
Raíces asirias
Los orígenes de Qozaleh, festividad que marca el Año Nuevo Oriental, se remontan a la civilización asiria. El calendario oriental fue establecido aproximadamente 3.500 años antes de la adopción del calendario juliano. Estudios lingüísticos indican que el nombre deriva del término asirio “Qozal”, que significa “resplandor del fuego” o “su brillo”, una referencia simbólica al calor, la renovación y los nuevos comienzos, considerados presagios de prosperidad y buena fortuna.
La explicación astronómica de las diferencias calendáricas
Los habitantes de Latakia y Tartus celebran la festividad de Qozaleh el 14 de enero de cada año. El profesor de climatología, Riad Qara Fallah, explicó a SANA que el Año Nuevo Oriental es un acontecimiento de carácter socioastronómico, resultado de la diferencia acumulada entre el calendario juliano (oriental) y el calendario gregoriano (occidental).
Qara Fallah precisó que la reforma introducida por el papa Gregorio XIII al calendario juliano, vigente desde la época de Julio César, reveló una ligera discrepancia en la duración del año. Mientras el calendario juliano calcula el año en 365,25 días, el calendario gregoriano, actualmente en uso, lo estima con mayor precisión en 365,2425 días.
Esta diferencia, aparentemente mínima, se fue acumulando a lo largo de los siglos, hasta alcanzar una brecha de 13 días entre ambos calendarios durante el período comprendido entre 1900 y 2099. De este modo, el 7 de enero según el calendario gregoriano coincide con el 25 de diciembre del calendario juliano.
Ugarit: el año agrícola y el ciclo de la fertilidad
Desde otra perspectiva histórica, el arqueólogo Ghassan Al-Qayem señala en una publicación en redes sociales que la festividad de Qozaleh también está vinculada a la civilización ugarítica. En aquella época, los habitantes celebraban el inicio del año agrícola en función del movimiento de las estrellas y de los cambios astronómicos, que anunciaban un nuevo ciclo de fertilidad para la tierra.
Rituales de celebración y hospitalidad
Siham Manna, una mujer de alrededor de sesenta años de la aldea de Sidra, en la zona rural de Latakia, rememora la festividad con nostalgia: «Qozaleh era una ocasión social que reunía a todos. Comenzaba con el encendido de una pequeña hoguera, acompañada de cantos populares y saltos sobre el fuego para celebrar el final del invierno».
Añade que estas tradiciones incluían la preparación de animales para el sacrificio y la elaboración de platos típicos como el kibbeh (a base de harina y relleno de carne picada o acelga), la zalabia (masa frita), el pan tandoor o el pan qozaleh untado con aceite, además de dulces, semillas de nigella y pimientos. La celebración se completaba con el intercambio de saludos y visitas entre vecinos y familiares.
Al-Qozaleh: un ritual que desafía al olvido
Cabe señalar que los rituales de Al-Qozaleh han experimentado un notable declive en las últimas décadas, debido a las transformaciones sociales y a los cambios en las condiciones económicas y de vida, un fenómeno común a muchas festividades populares. No obstante, Qozaleh sigue viva en la memoria colectiva como un ritual asociado a la fertilidad, la lluvia, el ciclo de la naturaleza y la renovación, y como un testimonio elocuente de la profunda y milenaria conexión entre el pueblo sirio y su tierra.
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