Capitales, 17 mar (SANA) En medio de una creciente confrontación entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán por otro, han surgido informes sobre la intención de Teherán de vincular el tránsito de buques energéticos a través del Estrecho de Ormuz al uso de monedas alternativas al dólar, en particular el yuan chino. Esta posibilidad ha desatado un amplio debate sobre sus repercusiones en los mercados energéticos y el sistema monetario global.
La propuesta iraní, aunque todavía no se ha materializado, refleja una táctica de presión geopolítica que busca utilizar la posición del vital estrecho en un contexto de crecientes tensiones militares. Esto ocurre de manera simultánea a los llamamientos del presidente estadounidense Donald Trump para formar una coalición internacional que garantice la seguridad de la navegación en la zona.
Hacia la diversificación monetaria
En este marco, Abdulaziz bin Saqr, presidente del Centro de Investigación del Golfo, explica al periódico Asharq Al-Awsat que el debate sobre el uso de monedas alternativas en el comercio de energía refleja una tendencia mundial creciente hacia la diversificación de divisas en las transacciones internacionales.
Señala que los cambios geopolíticos han impulsado a varios países a buscar opciones monetarias alternativas. La participación del dólar en las reservas mundiales ha disminuido del 65,3% en 2016 a aproximadamente el 59,3% en 2024. Bin Saqr destaca que grandes potencias como China y Rusia están ampliando el uso de sus propias monedas en los intercambios bilaterales para reducir la dependencia del dólar.
Impacto práctico limitado
Por su parte, Saeed Sallam, director del centro de estudios estratégicos “Vision”, considera en declaraciones al mismo periódico que el impacto real de la propuesta iraní sería limitado a corto plazo, dada la hegemonía del sistema financiero vinculado al dólar en los mercados energéticos.
Sallam advirtió que imponer el uso de monedas específicas en un corredor internacional tan vital podría aumentar las tensiones y la incertidumbre, además de elevar los costos de transporte y seguros. Esto es especialmente crítico dada la sensibilidad del comercio mundial que atraviesa Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del suministro energético global.
Una medida de este tipo podría llevar a algunos países a buscar rutas alternativas, lo que a su vez incrementaría los precios de la energía y de las materias primas asociadas.
Cautela china y competencia rusa
En cuanto a China, los líderes en Pekín abordan estos acontecimientos con cautela. Aunque buscan fortalecer el papel internacional del yuan, la estabilidad de los mercados energéticos y la libertad de navegación en Ormuz siguen siendo factores cruciales para una economía que depende en gran medida de las importaciones de petróleo a través de este paso.
Rusia, por su parte, impulsa la idea de utilizar monedas alternativas como parte de su competencia estratégica con Washington, a pesar de que el dólar sigue dominando la fijación de precios del petróleo y el gas a nivel mundial.
Los expertos económicos coinciden en que cualquier perturbación en el flujo de energía a través de Ormuz se reflejaría rápidamente en la economía mundial, afectando especialmente a los países importadores de Europa y Asia. Un aumento de los precios y de los costos de flete llevaría a mayores presiones inflacionarias y obstaculizaría el crecimiento.
En definitiva, las propuestas de vincular la energía a monedas específicas siguen formando parte de las tensiones políticas regionales, mientras el sistema financiero mundial continúa dependiendo fundamentalmente del dólar, a pesar del creciente debate sobre el futuro de la pluralidad monetaria en el comercio internacional.
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