Bruselas, 2 feb (SANA) Las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados europeos atraviesan un periodo de creciente tensión. Bruselas expresa preocupaciones sobre la dependencia militar y energética de Washington ante un contexto de crecientes demandas de autosuficiencia en defensa y energía.
Las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre posibles repliegues o cambios en su compromiso con aliados europeos han generado inquietud en los círculos políticos y de seguridad de la Unión, especialmente ante señales que evocan episodios anteriores, como la retirada de ciertos acuerdos internacionales.
Una decisión arriesgada
La beligerancia interpretada de Washington ha llevado a que los europeos cuestionen la solidez del compromiso de Estados Unidos con la OTAN y sus aliados. En este marco, la experta alemana Jana Pöglerin, titular de la oficina de Berlín del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, señaló que la ruta hacia la independencia militar es larga y costosa, y podría requerir años de esfuerzo político y financiero. Subrayó que, más allá del tamaño de los arsenales, el desafío radica en disponer de capacidades estratégicas básicas que hoy dependen en gran medida de Estados Unidos.
Dimensiones militar y energética
La analista añadió que la fragmentación de las industrias de defensa y la limitada capacidad de producción europea complican la autonomía, frente a una cadena de suministro dominada por actores externos. En paralelo, la Unión Europea enfrenta la presión de reducir la dependencia del gas natural licuado (GNL importado de Estados Unidos), ante la volatilidad de la política energética estadounidense.
Los Estados miembros buscan diversificar proveedores y rutas de suministro mediante alianzas con Canadá, Catar y naciones del norte de África, con el objetivo de reforzar la seguridad energética de forma independiente.
A la luz de las diferencias entre Washington y Bruselas respecto al conflicto ruso-ucraniano, la reevaluación de las relaciones transatlánticas se presenta como una necesidad estratégica para la UE, especialmente en los ámbitos de defensa y energía, donde el desarrollo de una autonomía decisiva podría definir el futuro peso europeo en las decisiones globales.
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