Damasco, 3 oct (SANA) El pistacho, un cultivo históricamente vital para la economía y la subsistencia de miles de familias en el sur de la provincia siria de Idlib y otras regiones rurales del país, se encuentra en una encrucijada crítica. A pesar de haber resistido los embates de años de la guerra siria, la agricultura ahora enfrenta la implacable arremetida de la sequía y una agresiva plaga, poniendo en riesgo el futuro de lo que a menudo se denomina el “oro rojo” del país.
La vida en las zonas rurales de Idlib, Hama y Alepo gira en torno al cultivo del pistacho, un ciclo anual que exige dedicación total de los agricultores. Desde el arado y el riego meticuloso hasta el constante control de plagas, cada etapa es crucial para asegurar una cosecha que representa el principal sustento para numerosas familias.
Con la aproximación de la temporada de recolección, la preparación de herramientas y la contratación de mano de obra se convierten en prioridades, al igual que la implementación de medidas de seguridad para proteger los valiosos frutos de robos y saqueos.

Si bien la liberación de la región en diciembre de 2024 trajo consigo un atisbo de esperanza, con el retorno de los transportes hacia los mercados centrales de Damasco y Alepo, la fragilidad del sector agrícola se hace evidente. Los precios actuales del pistacho en el mercado local, que rondan los 6 dólares por kilogramo, contrastan drásticamente con los 20 a 30 dólares que alcanza en los mercados internacionales, evidenciando el potencial económico perdido y la presión sobre los productores.
El “Kabandus”, un enemigo invisible que amenaza el futuro
La sequía ha sido un flagelo persistente, obligando a muchos agricultores a emprender costosas excavaciones de pozos para mantener sus cultivos. Sin embargo, una amenaza más insidiosa se ha manifestado: el insecto “kabandus”. Esta plaga, activa entre abril y agosto, deposita sus huevos en las bases de los tallos y las grietas de las ramas. Las larvas resultantes excavan en el interior del árbol, minando su salud y provocando una merma en la producción estimada entre el 20% y el 30%. A pesar de este golpe, las autoridades locales señalan que la oferta en el mercado interno sigue siendo, por el momento, suficiente.

Las autoridades sirias competentes reconocen la urgencia de la situación y trabajan en la mejora de las condiciones de comercialización y exportación. El objetivo es mitigar las pérdidas de los agricultores, quienes además enfrentan un incremento en los costos de insumos esenciales como fertilizantes, electricidad y diésel.
Un legado milenario bajo amenaza
La historia del pistacho en Siria se remonta a miles de años, consolidándolo como un árbol emblemático de la cuenca mediterránea. Investigaciones históricas apuntan a que su origen se sitúa en el norte de Siria, específicamente en las regiones de Alepo, Hama e Idlib. La evidencia más antigua de su consumo data de la Edad de Bronce en la zona de Alepo. Posteriormente, en el siglo I d.C., los romanos introdujeron el árbol en Europa a través de Siria.
Más allá de su impacto económico, generando divisas a través de la exportación y fortaleciendo las economías locales, el pistacho ha trascendido su rol agrícola. Ha encontrado un lugar destacado en la industria alimentaria, siendo un ingrediente clave en la elaboración de dulces y una amplia gama de platos, aportando un sabor distintivo. Su versatilidad también se ha extendido a usos médicos y para la salud, consolidando su valor multifacético a lo largo de la historia.
El futuro del “oro rojo” sirio pende de un hilo, requiriendo esfuerzos concertados para mitigar los efectos del cambio climático y las plagas, y así preservar un legado agrícola y cultural de valor incalculable.
Watfeh Salloum/fm