Damasco, 10 sep (SANA) Hay ausencias que un niño no sabe explicar con palabras. Tasneem Shaaban las dibuja. Safa Qalousha las escribe. Como ellas, otros 28 hijos de detenidos y desaparecidos sirios han convertido recuerdos, preguntas y años de espera en pinturas y relatos para impedir que las historias de sus seres queridos caigan en el olvido.
Noventa dibujos y 17 testimonios personales dieron forma en la ciudad de Al-Atiba, en Guta Oriental, a la sexta edición de la exposición “Testimonios de Dolor”, celebrada durante dos días y por primera vez en Siria después de anteriores experiencias en el Líbano.
Las obras nacieron tras meses de talleres en los que los niños aprendieron a utilizar el dibujo y la escritura como vías para contar experiencias marcadas por la detención, la desaparición y la incertidumbre.
Sus trabajos fueron reunidos además en el libro documental Rostros pequeños, grandes historias, del que se imprimieron 60 ejemplares con el apoyo de la Fundación Badra Khair, organizadora de la iniciativa.
La directora ejecutiva de la fundación y responsable de la exposición explicó a SANA que el proyecto busca documentar los testimonios de los hijos de detenidos y desaparecidos y preservar sus recuerdos desde la propia mirada de los menores.
A su juicio, llevar por primera vez la muestra a Siria supone también trasladar esas historias al lugar donde nacieron y ofrecer a sus protagonistas un espacio seguro en el que puedan hablar de aquello que durante años quedó encerrado en el ámbito familiar.
Cuando un dibujo dice lo que las palabras callan
Durante cuatro meses, los participantes recibieron formación práctica en dibujo y trabajaron sobre ocho temas relacionados con la memoria, la ausencia y la esperanza.
Entre ellos figuraron “Hilos de memoria”, “Los muros de Saydnaya hablan”, “Una ventana de esperanza” y “Una silla vacía en la mesa del Eid”, títulos que reflejan la huella que la desaparición de un familiar dejó en su vida cotidiana.
Mervat Khattab, supervisora de los talleres, explicó que el objetivo no consistía únicamente en enseñar técnicas de pintura, sino en ayudar a los menores a transformar emociones difíciles en imágenes.
Según relató, a medida que avanzaron las sesiones aumentó la confianza de los participantes, su capacidad para observar y expresar opiniones y, sobre todo, su disposición a mostrar sentimientos que antes les resultaba complicado exteriorizar.
Los lienzos terminaron así convirtiéndose en otra forma de lenguaje.
Tasneem Shaaban, familiar de una persona desaparecida, contó que utilizó el dibujo para expresar aquello que le dolía y no conseguía decir.
Su deseo, explicó, es que quienes contemplen su obra comprendan lo que viven las familias que todavía esperan conocer la suerte de sus seres queridos y que algún día puedan obtener una respuesta.
Historias escritas para mantener viva la memoria
En paralelo a los talleres de pintura, los niños dedicaron otros cuatro meses a aprender a narrar sus propias experiencias.
La docente Sawsan Al-Hams, responsable de esa formación, explicó que la escritura ofreció una vía especialmente valiosa para los participantes más tímidos, que encontraron en el papel la posibilidad de hablar sin sentirse expuestos.
Los relatos fueron escritos con sencillez y, en ocasiones, con expresiones coloquiales, una elección que los responsables decidieron respetar para conservar la espontaneidad y autenticidad de las voces infantiles.
La metodología, según Al-Hams, se basó en construir primero una relación de confianza que permitiera a los menores hablar de tristeza, ira, miedo o pérdida vinculados a la detención y desaparición de familiares, sin alterar el contenido de sus historias.
Más que corregir sus recuerdos, el objetivo era escucharlos.
Para Safa Qalousha, otra de las participantes, ver su historia publicada en un libro convirtió una experiencia personal en un mensaje capaz de llegar a otras personas.
La niña expresó su orgullo al comprobar que sus palabras habían quedado impresas y consideró que podían servir para recordar que todavía hay familias que esperan saber qué ocurrió con padres, hermanos y otros seres queridos.
Durante los dos días de exposición, visitantes y familiares recorrieron las obras y se detuvieron ante historias contadas desde una perspectiva pocas veces presente en los archivos oficiales: la de los niños.
Detrás de cada dibujo y cada página permanecen preguntas todavía abiertas. Pero también el intento de una generación de conservar sus recuerdos, nombrar la ausencia y dejar constancia, con sus propias palabras y colores, de lo que vivió.



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