Damasco, 15 mar (SANA) Los hornos tradicionales de los barrios de Damasco continúan siendo un símbolo de la memoria social y cultural de la ciudad durante el mes sagrado de Ramadán, especialmente en los días previos a la celebración del Eid al-Fitr, la fiesta musulmana que marca el fin del Ramadán, mes del ayuno musulmán.
Más que simples lugares para hornear dulces, estos establecimientos formaron durante décadas parte esencial de los rituales familiares damascenos, cuando el aroma de la mantequilla clarificada y la leña encendida impregnaba las callejuelas y anunciaba la llegada de la festividad.
La investigadora del patrimonio Najla al-Khadra explicó que el llamado “horno de barrio” representó durante generaciones un elemento característico de la vida cotidiana en la capital siria.
Según la especialista, pese a la expansión de los hornos domésticos modernos, el sabor de los dulces preparados en los antiguos hornos de barrio mantiene un carácter particular asociado a las celebraciones del Eid.
En el pasado, muchas viviendas de Damasco carecían de hornos adecuados para elaborar pasteles delicados. Las familias utilizaban estufas conocidas como “babour” para la cocina diaria y hornos tradicionales como el tandoor para preparar pan, pero estos no resultaban apropiados para dulces como el maamoul o el baklava.
Por esa razón, al aproximarse el Eid, las familias llevaban bandejas con masa y rellenos de dátiles, nueces o pistachos a los hornos comunitarios, donde se utilizaban grandes cámaras de piedra capaces de distribuir el calor de forma uniforme.
Estos hornos solían ubicarse en los mercados históricos o en los callejones tradicionales de la ciudad, y además de dulces también elaboraban productos típicos como el pan ma’rouk, las manaqish o las sfiha.
Las instalaciones eran sencillas: una pequeña sala de unos 16 metros cuadrados que incluía el horno principal, un espacio para almacenar leña o turba y un área donde los vecinos aguardaban mientras se cocinaban sus bandejas.
El panadero utilizaba una herramienta conocida como “matraha”, una vara larga con una base plana que permitía introducir y retirar con precisión las bandejas de cobre del interior del horno.
Los preparativos para hacer galletas
Los preparativos comenzaban días antes del Eid, cuando las mujeres se reunían en sus hogares para elaborar la masa y los rellenos en un proceso popularmente conocido como “al-Tahwija”. Luego colocaban las galletas en bandejas identificadas y las transportaban por las calles del barrio hasta el horno.
Mientras los dulces se horneaban, el aroma del maamoul y del baklava se extendía por los callejones, lo que para muchos habitantes representaba una señal inequívoca de la proximidad de la festividad.
Un punto de encuentro social
Además de su función culinaria, el horno del barrio servía como punto de encuentro social donde los vecinos conversaban y compartían dulces en una tradición conocida como “al-Sakba”.
Con el paso del tiempo y la difusión de hornos domésticos de gas y electricidad, muchos de estos establecimientos desaparecieron o se transformaron en panaderías modernas.
Durante el final del periodo otomano y a comienzos del siglo XX existían cerca de 70 hornos tradicionales en la Ciudad Vieja de Damasco. En la actualidad quedan menos de diez, algunos de los cuales funcionan de manera estacional.
Sin embargo, especialistas señalan que el interés por estos hornos ha resurgido en los últimos años, impulsado tanto por factores económicos como por el deseo de preservar una tradición que forma parte de la identidad cultural de la capital siria.
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