Damasco, 9 mar (SANA) El mes de Ramadán en las aldeas sirias se distingue por rituales y costumbres que combinan valores religiosos con un rico patrimonio popular transmitido de generación en generación. Durante este periodo, las comunidades rurales se transforman en espacios de encuentro donde familias y vecinos se reúnen alrededor de la mesa del iftar, fortaleciendo los lazos sociales y el espíritu de cooperación.
Preparativos con carácter tradicional
En muchas aldeas sirias, los preparativos para recibir el mes sagrado comienzan varios días antes con la llamada “Takriza”, una tradición en la que familias y vecinos se reúnen en huertos o parajes naturales para dar la bienvenida a Ramadán en un ambiente de convivencia y alegría.
Esta costumbre, profundamente arraigada en el campo sirio, refleja el carácter comunitario de la vida aldeana. Según estudios de folclore, estas reuniones estacionales servían para fortalecer los lazos sociales y celebrar las ocasiones religiosas con un espíritu colectivo.
En paralelo, las familias se dedican a preparar provisiones caseras como mermeladas, encurtidos y dulces tradicionales como el ma’amoul, en un ritual que refleja su preparación para el mes sagrado.

La investigadora del folclore sirio Mariam al-Nuaimi explica en su libro Costumbres y Tradiciones en la Sociedad Siria que la preparación anticipada de alimentos antes de las festividades religiosas es una característica típica de la vida rural, donde todos los miembros de la familia participan en la elaboración y conservación de productos.
En algunas zonas, las mujeres también se reúnen para blanquear con cal las paredes de sus casas, una tradición que simboliza pureza, renovación y preparación espiritual para la llegada de Ramadán.
Al-Nuaimi señala además que el primer día del mes sagrado muchos habitantes de las zonas rurales, especialmente en Latakia y Tartus, siguen la tradición de “blanquear la mesa”, que consiste en preparar platos elaborados con yogur como shakriyeh, shishbarak y kibbeh labanieh, como señal de optimismo y deseo de que el mes esté lleno de bendiciones.
Costumbres que fortalecen la vecindad
Una de las tradiciones más conocidas del Ramadán en las aldeas sirias es la “Sakba”, mediante la cual las familias intercambian platos de comida antes de la oración del Maghrib. Esta costumbre añade variedad a la mesa del iftar y refuerza el espíritu de generosidad entre vecinos.
Los platos del iftar en las zonas rurales suelen incluir fattoush, tabulé, sopas, kibbeh y verduras rellenas, además de recetas tradicionales como freekeh con pollo o carne y bulgur con calabacín. Entre las bebidas más populares destacan el regaliz y el tamarindo.

Tras la oración del Tarawih, las mezquitas de las aldeas suelen llenarse de fieles. Luego comienzan las reuniones familiares y sociales, donde vecinos y parientes se reúnen para conversar mientras disfrutan de té, café árabe y dulces típicos de Ramadán como qatayef y awameh.
En algunos pueblos aún se mantiene la figura del Musaharati, el personaje encargado de despertar a los habitantes para la comida del Suhur, quien recorre las calles durante la noche tocando su tambor y entonando frases tradicionales.
Ramadán en la memoria social
El poeta Salah Khader, originario de la zona rural de Homs, considera que Ramadán representa una oportunidad para reforzar los vínculos familiares en las comunidades rurales.
Según explica, las invitaciones al iftar suelen comenzar en casa del miembro mayor de la familia el primer día del mes, donde se reúnen hijos, hijas y nietos en torno a una misma mesa, reflejando la unión entre generaciones.
Khader añade que los vecinos intercambian comida y dulces caseros, y organizan iniciativas para recaudar donaciones destinadas a ayudar a las familias necesitadas, fortaleciendo así el espíritu de solidaridad que caracteriza al mes sagrado.
Por su parte, el escritor y novelista Issa al-Sheikh Hassan recuerda sus primeras experiencias de ayuno en la campiña del norte de Siria en 1974, señalando que la atmósfera del Ramadán y sus tradiciones sociales influyeron profundamente en su obra literaria.
“El intercambio de platos entre vecinos y lo que se conocía como la ‘fiesta de Ramadán’, un acuerdo entre los habitantes del barrio para preparar un iftar colectivo, formaban parte de la memoria social que documenté en mis novelas”, afirma el autor.
Las tradiciones del Ramadán en las aldeas sirias continúan siendo una expresión viva de la cultura rural. Más allá del ayuno y las prácticas religiosas, el mes sagrado representa una oportunidad para renovar los vínculos sociales, reforzar la solidaridad y mantener viva una herencia cultural profundamente arraigada en la sociedad siria.
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