Damasco, 3 mar (SANA) La milenaria ciudad de Damasco conserva entre sus oficios más emblemáticos la fabricación artesanal de misbaha (rosarios islámicos), una práctica que forma parte del entramado cultural y económico de la capital siria desde hace siglos.
En los mercados de la ciudad vieja , especialmente en Zoco Al-Hamidiyah, los talleres familiares continúan elaborando a mano estas piezas, símbolo de espiritualidad y también de identidad social.
Tradición artesanal transmitida por generaciones
La manufactura de las misbaha comienza con la selección y el torneado de materiales naturales y piedras de diverso valor, entre ellas ágata, coral, turquesa, ámbar, esmeralda y rubí, además de marfil y otras materias tradicionales. Cada cuenta es tallada, perforada y pulida con precisión, en un proceso que requiere paciencia y experiencia acumulada.
Posteriormente, las piezas se ensamblan con hilos resistentes y se completan con el llamado “tallo” o borla final, conocido localmente como “sharaba”, elaborado en plata u oro en los modelos más exclusivos, o en metales como cobre y estaño en versiones más accesibles. Algunos rosarios incorporan incrustaciones de plata o piedras semipreciosas que incrementan su valor estético y comercial.

De instrumento devocional a símbolo social
Aunque su función original es acompañar la recitación y el rezo, el rosario ha trascendido el ámbito estrictamente religioso para convertirse en un elemento distintivo del atuendo tradicional y un símbolo de estatus.
Generalmente se clasifican en modelos de 33, 66 y 99 cuentas, siendo este último el más extendido para fines de oración. Las piezas de mayor tamaño suelen ser preferidas por hombres, mientras que las más pequeñas y delicadas encuentran mayor demanda entre mujeres. En paralelo, la aparición de contadores electrónicos no ha desplazado el valor cultural y simbólico de las misbaha artesanales.
Impacto económico y resiliencia del oficio
El mercado ofrece desde piezas confeccionadas con piedras preciosas y materiales de alto valor, cuyos precios pueden alcanzar cifras millonarias en moneda local, hasta modelos elaborados con materiales sintéticos o hueso, más asequibles para el público general.
Sin embargo, la coyuntura económica ha incidido de manera directa en la actividad comercial. Artesanos y comerciantes reportan una disminución notable en la demanda respecto a años anteriores, cuando las ventas diarias eran constantes. La contracción del poder adquisitivo y la inestabilidad de precios han reducido el movimiento en los zocos, e incluso han llevado a algunos ciudadanos a vender piezas personales para cubrir necesidades básicas.
La espiritualidad de Damascus se refleja en cada rincón de sus calles, especialmente en las inmediaciones de la histórica Mezquita de los Omeyas, donde los rosarios elaborados por artesanos locales se exhiben y venden como parte del paisaje urbano. Este vínculo entre la espiritualidad y la artesanía convierte a Damasco en un escenario único donde tradición, fe y estética se entrelazan en cada cuenta.
Por Watfeh Salloum