Damasco, 2 mar (SANA) A Adel Wattar, residente de Damasco, le apasionan las cafeterías tradicionales, especialmente las situadas en los antiguos barrios de la capital. Desde niño frecuenta espacios emblemáticos como el Café Al-Nawfara para escuchar las historias del cuentacuentos (hakawati, en árabe), figura central del patrimonio cultural damasceno.
“Es una auténtica tradición que heredé de mis antepasados”, afirmó en declaraciones a SANA.
Según explicó, estos cafés constituyen un espacio social donde los asistentes disfrutan de relatos históricos y epopeyas populares, como las hazañas de Antarah ibn Shaddad o las gestas del sultán Al-Zahir Baybars, al tiempo que intercambian opiniones sobre asuntos cotidianos.
Con más de un siglo de historia, el Café Al-Nawfara mantiene viva la tradición de las sesiones de narración. En su interior destaca una plataforma de madera cubierta con alfombras, donde el narrador se sienta rodeado por el público, recreando el ambiente de antaño.
Wattar señaló además el creciente número de visitantes extranjeros que acuden a revivir la atmósfera del viejo Damasco, especialmente tras la mejora de los servicios y la situación de seguridad en los callejones históricos.
“Como un televisor antiguo”
Mohammad Yamen al-Rabat, hijo del propietario del Café Al-Nawfara, aseguró que el establecimiento ha preservado la figura del hakawati como legado histórico vivo, particularmente durante las noches del mes sagrado de Ramadán.
El café se ha convertido en punto de encuentro para quienes buscan la esencia del patrimonio sirio y los recuerdos de sus mayores, así como para turistas interesados en las tradiciones locales.
Para Al-Rabat, el cuentacuentos representa una forma genuina de entretenimiento comunitario, comparable a “un televisor antiguo” que reunía a la gente en torno a historias compartidas.
Subrayó también el compromiso del café con la preservación de este patrimonio en todos sus detalles, para que continúe siendo un testimonio vivo de la memoria colectiva y un puente entre las nuevas generaciones y sus raíces culturales.
Durante las noches de Ramadán, el Café Al-Nawfara revive el esplendor del pasado con relatos de la historia antigua y narraciones populares que han acompañado a generaciones de damascenos.
La historia del hakawati en Al-Nawfara
Basel Al-Albi, cliente habitual del establecimiento, recordó que la tradición del cuentacuentos se remonta a varias décadas atrás, cuando constituía una de las principales fuentes de entretenimiento y cultura en la ciudad.
El narrador, destacó, era conocido por su prodigiosa memoria y su capacidad para recitar largas epopeyas sin apoyo escrito. La interacción con el público era tan intensa que, en ocasiones, los acontecimientos narrados se celebraban en los callejones del barrio.
La profesión del hakawati floreció en los cafés damascenos desde finales del siglo XIX, como plataforma para transmitir epopeyas y relatos antiguos con un estilo cautivador que forma parte esencial de la memoria colectiva siria.
Aunque en los últimos años la tradición ha experimentado cierto declive debido al avance tecnológico y la expansión de las redes sociales, en espacios como el Café Al-Nawfara continúa viva, reafirmando su lugar en el patrimonio cultural de Siria.
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