Damasco, 17 feb (SANA) La artista siria Lama Abbadi nació en 1990 en la ciudad de Jisr al-Shughur, en la provincia de Idlib. Nació sin audición y, por lo tanto, nunca pudo escuchar ni hablar. Sin embargo, desde sus primeros años encontró en el arte un lenguaje propio para comprender el mundo y expresarse dentro de él.
Recordó que a los cuatro años sus padres le entregaron papel y lápiz para que dibujara como los demás niños y llenara el vacío que le dejaban la sordera y la mudez. Desde entonces, su infancia estuvo rodeada de hojas, lápices y colores. Un año más tarde, cuando tenía cinco años, ya trazaba líneas equilibradas y combinaba paletas cromáticas coordinadas con una destreza que parecía la de una artista de veinte años.
Los desafíos y las dificultades nunca lograron desanimarla. Desde pequeña recibió el cariño constante de sus padres, quienes se esforzaron por cultivar en ella una personalidad positiva, abierta y segura. Su madre le insistía en que tenía amigos, compañeros y seres queridos como cualquier otra niña, y que su condición no debía aislarla. Lama asumió su discapacidad auditiva y del habla como algo natural y en vez de rendirse ante su discapacidad, la convirtió en una fuente de creatividad y en un arte incomparable.

Con el tiempo, comenzó a comprender todo lo que ocurría a su alrededor descifrando el movimiento de los labios y apoyándose en la lengua de señas. En sus primeros años recordó que no existían grandes avances tecnológicos en audífonos, y aunque sus padres la llevaron a médicos, no le colocaron ninguno en ese momento. Para apoyarla, buscaron programas de televisión centrados en la lengua de señas que le ayudaran a superar sus dificultades comunicativas.
Su padre, pintor y artista plástico, desempeñó un papel crucial en el desarrollo de su talento. Sentada a su lado, aprendió técnicas, principios del dibujo y el uso del color. Comenzó con bocetos a lápiz y más adelante, con la ayuda de un profesor particular, avanzó hacia la pintura al óleo. Cuando cumplió 17 años, su padre la envió al centro de la ciudad de Idlib para estudiar arte bajo la supervisión de especialistas. Pasó tres años asistiendo al centro cultural de Idlib, consolidando su trayectoria artística.
En la escuela, enfrentó bullying y exclusión social. Algunos compañeros la rechazaban por su discapacidad, y ciertos comentarios la herían profundamente. A pesar de eso, su determinación nunca se debilitó. Con el transcurso del tiempo, pasó de sentirse marginada a tener amigos que compartían y apoyaban su pasión por la pintura, lo que fortaleció su confianza y enriqueció su arte. Su familia la inscribió en clases especiales donde maestros y compañeros comenzaron a reconocer sus talentos, sentando las bases de su aceptación social y artística.

La Revolución Siria y el arte como resistencia
Con el inicio de la Revolución Siria en 2011, su vida y la de su familia cambiaron drásticamente en medio del caos, los bombardeos y los desplazamientos provocados por el ex régimen. Aunque nunca pudo escuchar las explosiones, sentía las vibraciones de los proyectiles bajo sus pies como descargas eléctricas. Vio caer obuses, presenció cómo la gente huía y cómo, más tarde, se veía obligada a vivir en campamentos.
Cuando comenzaron los bombardeos en Jisr al-Shughur, su familia se vio obligada a huir hacia la frontera con Türkiye y residir en campamentos. Describió ese período como doloroso e impactante, una etapa que dejó una huella indeleble en su alma. También vivió de cerca la muerte, el trauma de ver su ciudad en ruinas y la partida de muchos seres queridos.
Ante esa realidad, Lama explicó que no encontró otra forma de apoyar al pueblo sirio desarmado que a través del arte. Pintó numerosos cuadros que representaban el sufrimiento tras los bombardeos de artillería y los ataques aéreos de aviones y helicópteros. Su intención era transmitir el dolor de las personas afectadas a la comunidad internacional.
“Pintar me daba paz y consuelo en medio del caos que envolvía mi vida. Era mi único refugio”, comentó.
Su estilo se enmarca en el realismo expresivo contemporáneo. Antes de la guerra, sus obras mostraban personajes caricaturescos y flores brillantes, propios de una joven artista explorando formas y colores. Pero después de 2013, los tonos oscuros comenzaron a dominar sus lienzos y murales, reflejando hambre, pérdida y duelo. Sus pequeños cuadros dieron paso a grandes murales pintados en paredes arruinadas y estructuras derrumbadas, símbolos del dolor colectivo.
En total, ha realizado más de 100 obras, tanto en pequeños lienzos como en grandes murales en Idlib, donde aún persisten las huellas de la guerra que costó la vida de más de 600.000 personas.
Exposiciones y reconocimiento
A lo largo de los años, Lama ha participado en numerosas exposiciones locales en el norte de Siria. En 2011 inauguró su primera exposición individual en la muestra cultural de Jisr al-Shughur. Posteriormente participó en exposiciones en distintas ciudades, entre ellas Azaz, donde recibió varios reconocimientos, el más reciente en 2022.
En 2024 alcanzó un nuevo logro al enseñar arte a niños huérfanos en una escuela en el campo de Jisr al-Shughur. Además, dirigió un pequeño taller en su casa donde enseñó habilidades básicas de dibujo a 13 niños locales. Se comunicaron mediante lengua de señas y gestos, creando un espacio de creatividad, aceptación e intimidad.
Cuando los niños aprenden de alguien con pérdida auditiva y del habla, comprenden desde pequeños que la sociedad está formada por personas diversas, sin discapacidad, ciegas, con síndrome de Down, amputadas y muchas otras, dijo la artista
Sueños y misión
Desde los primeros meses de la Revolución, Lama sostuvo que uno de sus mayores sueños ha sido realizar una exposición en Türkiye para transmitir el sufrimiento del pueblo sirio en medio de los bombardeos, la masacre y la muerte. Aunque ya ha expuesto en el norte de Siria, aspiró a llegar a la comunidad internacional y compartir tanto su experiencia personal como la de su pueblo.
Más allá del reconocimiento artístico, su objetivo principal es levantar el ánimo de quienes la rodean, pintando el dolor y la esperanza, la pobreza y la fuerza en una evidencia que a pesar de lo dura que puede serla vida, siempre existen oportunidades para recuperarse y cambiar.
A quienes viven con alguna discapacidad, ya sea auditiva, visual o motriz, les dirige un mensaje claro: no rendirse ante los desafíos. La verdadera fuerza está en la determinación y la perseverancia”, enfatizó Lama.
por Watfeh Salloum


