Damasco, 3 mar (SANA) El músico y refugiado sirio, Ibrahim Maslamani, logró convertir su experiencia de exilio en un proyecto cultural de gran alcance, preservar y difundir la música de su país a través de una orquesta multicultural con más de 100 integrantes y una academia que forma a niños y jóvenes de diversas nacionalidades. Su visión incluye la creación de un instituto de música siria y un teatro de ópera en Alepo, con el objetivo de devolver a la ciudad su prestigio histórico como centro musical del mundo árabe.
Según la cadena TRT, Maslamani dejó Siria en 2012, cuando la guerra se intensificaba, y buscó asilo en Türkiye. A pesar de las dificultades, encontró fuerzas para iniciar lo que describe como “el proyecto de su vida”,la fundación “Nefes“, que significa “aliento” en turco y cuyo lema es “Dos lenguas, un aliento”. La iniciativa nace de la convicción de que la cultura es un puente entre comunidades y un derecho esencial, especialmente para los niños.
“Vengo de una familia que ama la música”, explicó Maslamani. “Mi padre y mi tío eran cantantes, y mi hermano también tiene una voz preciosa. Desde niño estuve inmerso en la música. Más tarde me especialicé como percusionista y conservé cientos de obras del patrimonio musical sirio”.

Antes de la guerra, Maslamani había representado a Siria en festivales internacionales, como el Festival del Pistacho de Gaziantep, con su banda “Nawa”, fundada en 2009. Tras su llegada a Türkiye, se graduó en dirección cinematográfica en la “Universidad de Gaziantep” y completó un máster en migración, consolidando su formación académica y profesional.
Entre 2012 y 2015, Maslamani identificó que la ayuda a los refugiados sirios se centraba en necesidades básicas y asistencia humanitaria, dejando de lado la preservación cultural. Esa percepción lo llevó a fundar Nefes en 2016, en colaboración con artistas e intelectuales sirios y turcos. La fundación integra una “Academia de Música y Arte”, que ofrece formación artística a miles de niños y jóvenes, y ha dado origen a una “orquesta multicultural” que fusiona música árabe, turca, otomana y occidental contemporánea.
Su primer álbum, “Espacios Orientales”, refleja esta convergencia de estilos, demostrando cómo el arte puede ser un espacio compartido que expresa diversidad y unidad al mismo tiempo.
“Mientras hay aliento, hay vida y esperanza”, dijo Maslamani.
Indicó que Nefes representa la identidad, la expresión y la capacidad de la sociedad de renovarse a través del arte.
Uno de los ejes centrales de Nefes es garantizar el derecho de los niños a la educación artística, promoviendo la creatividad y la conexión con su herencia cultural.
“Un niño sin acceso a la cultura es un niño condenado a memorizar y repetir. La educación artística fortalece raíces y da frutos”, afirmó.
Con más de 13 años viviendo en Gaziantep, Maslamani observa cómo la comunidad siria ha pasado de ser percibida como necesitada a convertirse en un aporte cultural para Türkiye.
“La identidad cultural siria enriquece a las comunidades que nos acogen y es responsabilidad de todos preservarla y difundirla”, agregó.
El proyecto de Maslamani no se limita a Türkiye, su sueño es llevar la música siria a niños y comunidades en Europa, Oriente Medio y América del Norte. Su visión incluye la creación de un instituto de investigación musical en Alepo, un instituto superior de música y un teatro de ópera, recuperando así el legado artístico de la ciudad para las futuras generaciones.
En un relato que combina resiliencia, talento y compromiso cultural, Ibrahim Maslamani demuestra que, incluso en el exilio, la música puede ser un puente entre sociedades y un motor de esperanza para la reconstrucción del patrimonio sirio.
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