Deir Ezzor, 11 ene (SANA) Construido por arquitectos franceses y destruido por bombardeos del depuesto régimen durante la guerra, el emblemático puente colgante de Deir Ezzor sigue siendo una herida abierta en la memoria de la ciudad.
Más de una década después de su colapso, resurge la pregunta: ¿volverá a levantarse el símbolo que durante generaciones dio identidad al este de Siria?
Durante décadas, el puente colgante de Deir ez-Zor no fue únicamente una obra arquitecta ni un simple cruce sobre el río Éufrates. Fue el emblema de la ciudad y su imagen más reconocible. Desde su construcción entre 1925 y 1931, el puente se integró de forma natural en la vida cotidiana, un punto de encuentro, un espacio de contemplación, un eje comercial y un escenario habitual de recuerdos personales y colectivos. Para los habitantes de Deir Ezzor, el puente era parte de su biografía.

Hoy, más de diez años después de su destrucción en mayo de 2013 por bombardeos del depuesto régimen sirio, el puente vuelve al debate público como una pieza clave en los proyectos de reconstrucción. La creciente demanda popular no se limita a recuperar una infraestructura perdida, sino a restaurar un fragmento esencial del alma de la ciudad.
La memoria de una ciudad
El puente colgante estaba presente en todos los momentos de la vida urbana. Niños que lo cruzaban a diario camino a la escuela, jóvenes que se reunían sobre sus tablones de madera, parejas que lo elegían como escenario para sus fotografías de boda, comerciantes que lo utilizaban para conectar mercados y almacenes, y pescadores que encontraban refugio bajo su sombra. Esa presencia constante lo convirtió en un símbolo inseparable de Deir Ezzor y en un elemento central de su identidad.
De la idea a la inauguración
La idea de construir un puente que uniera ambas orillas del Éufrates surgió en 1923, tres años después de la entrada de los franceses a Siria. Dos años más tarde comenzaron las obras, que se prolongaron durante seis años bajo la supervisión del ingeniero francés Monsieur Vivaux. El puente fue inaugurado oficialmente en marzo de 1931 y se convirtió en el monumento moderno más destacado de la ciudad.
Construido al estilo de los puentes colgantes occidentales, fue considerado en su momento el segundo puente colgante de este tipo en el mundo, después de uno similar en el sur de Francia. Inicialmente conocido como “el puente nuevo”, con el tiempo pasó a ser llamado simplemente “el puente colgante”, nombre que perduró hasta su destrucción.

Rasgos arquitectónicos y evolución
La estructura estaba sostenida por cuatro imponentes pilares de piedra de 36 metros de altura, unidos por vigas de acero cuidadosamente diseñadas. El puente medía aproximadamente 450 metros de largo y cuatro metros de ancho, y su coste de construcción se estimó en 1,3 millones de libras sirias de la época, equivalentes a cerca de un millón de dólares.
A lo largo de los años, el puente experimentó varios cambios. En 1947 fue iluminado con electricidad por primera vez y, en 1955, sus pilares fueron pintados de amarillo. Durante décadas permitió el tránsito tanto de peatones como de vehículos, regulado por un sencillo sistema de comunicación telefónica entre ambos extremos. En 1980, un decreto prohibió el paso de vehículos y lo reservó exclusivamente para peatones, consolidándolo como una atracción turística única en Siria.

La destrucción
Pese a los conflictos que atravesó el país, el puente permaneció en pie durante casi nueve décadas. Esa resistencia terminó el 2 de mayo de 2013, cuando la aviación del depuesto régimen los bombardeó directamente. El ataque destruyó los cables de soporte y provocó el colapso total de la estructura. Parte del puente se hundió en el Éufrates, mientras que otros fragmentos quedaron suspendidos, como un recordatorio permanente de la guerra.
¿Qué queda hoy?
Tras la caída del régimen en 2024, comenzaron evaluaciones técnicas informales sobre los restos del puente. Ingenieros y arquitectos locales señalaron que los bloques de hormigón en ambos extremos siguen en pie, aunque con grietas visibles, mientras que los elementos metálicos presentan daños de hasta un 70 %. La parte central, sin embargo, desapareció por completo. Aun así, los especialistas coinciden en que su reconstrucción es técnicamente viable.
Un vínculo emocional
Para los habitantes de Deir Ezzor, la pérdida del puente fue profundamente simbólica. Abu Marwan, profesor jubilado de 62 años, recordó el día de su destrucción como “oscuro e inolvidable”.
“Cuando hablábamos de nuestra ciudad, decíamos con orgullo: somos la ciudad del puente colgante. Cuando cayó, sentimos que una parte de nuestra identidad desaparecía”, relató.
Entre el sueño y la realidad
Las propuestas para su reconstrucción son diversas. Algunos defienden una réplica fiel para preservar su valor histórico, otros apuestan por un diseño moderno que respete la forma original pero incorpore tecnología actual. Una tercera opción sugiere conservar partes del antiguo puente como patrimonio y construir una nueva estructura que convierta el lugar en un museo al aire libre.
Más allá del simbolismo, todos coinciden en su importancia económica, ya que el puente conectaba la ciudad con zonas rurales clave para la producción agrícola. Sin embargo, los desafíos son considerables.
El arquitecto sirio Mohammed al-Abdullah explicó que la reconstrucción debería tener en cuenta la dinámica del río Éufrates, los riesgos de inundación y la sostenibilidad ambiental. Estimó que una réplica del puente original costaría entre 12 y 18 millones de dólares, mientras que una versión modernizada podría alcanzar los 25 millones.
En una ciudad devastada, donde la reconstrucción de viviendas, hospitales, escuelas y servicios básicos es urgente, el puente puede no figurar entre las prioridades oficiales. Aun así, para muchos habitantes de Deir Ezzor, su reconstrucción representa algo más que una obra pública, es el primer paso hacia el renacimiento de la ciudad y la recuperación de su identidad perdida.
Por Watfeh Salloum



