Damasco, 20 mar (SANA) En Damasco, el mirto cuenta una historia de lealtad inquebrantable sobre las tumbas de los seres queridos. En una escena donde se entrelazan la memoria y la espiritualidad, esta planta trasciende su carácter ornamental para convertirse en un símbolo vivo de fidelidad en la cultura damascena.
En los cementerios, se deposita sobre las tumbas como una expresión constante de amor, reflejo de que la ausencia no borra la presencia y que el recuerdo permanece, especialmente en fechas señaladas y visitas a los difuntos.
Durante las festividades, esta tradición adquiere un significado aún más profundo. Desde primeras horas del día, las familias acuden a los cementerios llevando el mirto, en un acto que combina lo social y lo espiritual, transformando estos espacios en lugares de oración y memoria.
Una tradición arraigada
A las puertas del cementerio Bab al-Saghir, uno de los más emblemáticos de Damasco, vendedores del mirto explicaron a SANA que esta planta no es un simple producto, sino parte esencial del ritual de visitar a los difuntos.
Detallaron que su demanda aumenta especialmente en épocas festivas, cuando las familias buscan honrar a sus seres queridos.
Para muchos, se trata de una costumbre transmitida de generación en generación. Así lo describe Wael al-Hamwi, quien recuerda cómo desde niño acompañaba a su familia a los cementerios con ramas de mirto, una práctica que hoy procura mantener con sus propios hijos por su profundo valor humano.

Por su parte, Faiza al-Sharfawi señala que el aroma de la planta transmite calma y cercanía, como una forma silenciosa de expresar afecto hacia quienes ya no están.
Significado histórico y cultural
El investigador histórico Muhyiddin Qrenefle explicó que el uso del mirto en las visitas a los cementerios es una costumbre social arraigada en Damasco desde hace siglos.
“Esta planta simboliza pureza, bendición y recuerdo, y representa el vínculo afectivo entre vivos y fallecidos. Su continuidad se debe, en gran parte, a la transmisión familiar de estas prácticas, especialmente durante las festividades”, agregó.

Asimismo, señaló que el mirto también aparece en antiguas tradiciones de la civilización griega. Según uno de estos relatos, la reina Fedra, esposa del héroe Teseo, vivía sumida en la tristeza y el aislamiento, y solía pinchar las hojas del mirto con su alfiler hasta dejarlas marcadas, antes de morir. Este relato otorgó al mirto un simbolismo asociado al dolor, la fidelidad y la memoria.
Presencia y cultivo
En Siria, el mirto crece de forma natural en zonas costeras como Latakia y Tartús, así como en regiones de Homs, Hama y la Ghouta de Damasco, donde se utiliza tanto con fines ornamentales como en prácticas sociales.
La cuenca del Mediterráneo e Irak se consideran el lugar de origen de esta planta perenne y fragante, que recibe diversos nombres. En Siria se le denomina “ás”, en Líbano e Irak “elyas”, en el Magreb “albahaca”, mientras que en Türkiye se conoce como “mersin” y en España como “arrayán”.
rr