Damasco, 20 feb (SANA) En los mercados antiguos de Siria, donde el aroma de las especias y los dulces tradicionales se mezcla con la historia, el marouk se corona como el dulce más esperado del Ramadán.
Conocido también como “pan de Ramadán”, este exquisito pastel no solo deleita el paladar, sino que se ha convertido en un símbolo de la temporada de ayuno y de la cultura siria.
Presente siempre en el Iftar y el Suhur
Desde las mesas del iftar hasta los desayunos del suhur, el marouk atrae a jóvenes y mayores con su irresistible sabor. Su masa fina y aromática se prepara con harina, azúcar, hinojo, anís y sésamo, y se rellena con dátiles, coco, pasas, chocolate o frutas.
Algunas versiones prescinden del relleno y se limitan a espolvorearse con azúcar o semillas de sésamo, mientras que las panaderías más innovadoras han introducido combinaciones originales, como halva o dulces de queso, conquistando nuevos paladares.
¡Comida de reyes!
En las calles de Damasco y otras ciudades sirias, los vendedores ambulantes despliegan sus bandejas de marouk con entusiasmo, acompañando su oferta con cantos que resuenan entre los transeúntes: “¡Fresco y caliente, Marouk, comida de reyes, Marouk!”. Esta tradición de compra diaria se mantiene viva, uniendo a la comunidad en torno a los sabores que acompañan el ayuno.
Más allá de su delicioso sabor, el marouk aporta beneficios nutricionales esenciales durante el Ramadán. Sus azúcares de rápida absorción ayudan a recuperar energía tras largas horas de ayuno, y su digestión ligera lo convierte en un alimento ideal para romper la abstinencia.
Los especialistas destacan que las variedades rellenas con pasta de dátiles y semillas de sésamo son particularmente nutritivas, ricas en vitaminas y minerales.
Así, el marouk no solo satisface el paladar, sino que mantiene viva una tradición centenaria, recordando a los sirios que incluso en tiempos difíciles, la cultura, la gastronomía y la solidaridad siguen uniendo generaciones alrededor de la mesa del Ramadán.


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