Damasco, 19 ene (SANA) En la década de 1940, Damasco —una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo y capital histórica de Siria— vivió una etapa significativa de transformación urbana. Entre los cambios más emblemáticos de aquel período destacó el sistema de tranvías, que no solo modernizó el transporte público, sino que se convirtió en un símbolo de progreso, cohesión social y, con el paso del tiempo, en una fuente profunda de nostalgia colectiva.
Orígenes y consolidación del tranvía
La historia del tranvía en Damasco se remonta a comienzos del siglo XX. Su inauguración oficial tuvo lugar en 1907, durante la época otomana. Sin embargo, fue en la década de 1940, durante el mandato francés, cuando el sistema alcanzó su máximo desarrollo y se integró plenamente en la vida cotidiana de los damascenos.
Durante esos años, la red de tranvías se expandió para conectar los principales barrios y centros neurálgicos de la ciudad. Las líneas enlazaban mercados, plazas, zonas residenciales y áreas administrativas, facilitando el desplazamiento rápido y económico de miles de personas. El tranvía contribuyó así al dinamismo económico, al acceso equitativo a los servicios y a una mayor integración entre los distintos sectores sociales.

Diseño y arquitectura: tradición y modernidad
Los tranvías de Damasco en los años cuarenta reflejaban una interesante fusión entre la estética europea y las particularidades locales. Muchos vagones eran de madera, con techos altos y amplias ventanillas que favorecían la ventilación natural y permitían disfrutar del paisaje urbano. Algunos incorporaban detalles decorativos inspirados en la arquitectura árabe, lo que reforzaba su identidad como parte integral del entorno damasceno.
Las paradas y estaciones, ubicadas en puntos estratégicos como la Plaza de los Omeyas o las inmediaciones del zoco de Al-Hamidiyah, se caracterizaban por su sencillez y funcionalidad. Aunque modestas, estaban bien organizadas y facilitaban el acceso a pasajeros de todas las clases sociales, desde comerciantes y artesanos hasta estudiantes y funcionarios.

Un espacio de encuentro social y cultural
Más allá de su función como medio de transporte, el tranvía desempeñó un papel esencial en la vida social y cultural de Damasco. En los años cuarenta, la ciudad era un mosaico de culturas, donde convivían influencias árabes, otomanas, francesas, armenias y otras comunidades. El tranvía se convirtió en un espacio compartido donde esa diversidad se manifestaba de manera cotidiana, favoreciendo el intercambio y la convivencia entre habitantes de distintos barrios y orígenes.
Viajar en tranvía significaba, para muchos, una experiencia social: conversaciones espontáneas, encuentros casuales y la observación de la vida urbana en constante movimiento. Era un reflejo del pulso de la ciudad.

La rutina del viaje y la elegancia del servicio
El personal del tranvía gozaba de gran respeto entre los ciudadanos. Conductores y ayudantes vestían uniformes impecables que transmitían formalidad, disciplina y orgullo profesional. Su presencia contribuía a la percepción del tranvía como un servicio ordenado y confiable, acorde con el espíritu de modernización que caracterizaba a la época.
Para los pasajeros, el trayecto no era solo un desplazamiento, sino parte de la rutina diaria, marcada por el sonido de las campanas del tranvía y el ritmo constante de la ciudad.
Declive y desaparición
A pesar de su importancia, el sistema de tranvías comenzó a declinar a partir de la década de 1950. El aumento del uso de automóviles privados, el crecimiento urbano acelerado y la falta de inversiones sostenidas en mantenimiento e infraestructura contribuyeron a su progresiva obsolescencia. Finalmente, en 1966, el último tranvía circuló por las calles de Damasco, marcando el fin de una era.
Su desaparición dejó un vacío no solo en el paisaje urbano, sino también en la memoria emocional de la ciudad. Para muchos damascenos, el tranvía representaba una época de orden, cercanía y vida comunitaria que ya no volvería.
Un legado imborrable
Hoy, el tranvía de Damasco permanece vivo en los recuerdos de las generaciones mayores y en fotografías que evocan una ciudad vibrante y en transformación. Aunque la capital siria adoptó posteriormente otros medios de transporte más modernos, el tranvía sigue siendo un ícono de la memoria colectiva, símbolo de una etapa en la que Damasco conectaba a sus habitantes no solo mediante rieles, sino también a través de un fuerte sentido de comunidad y pertenencia.
En la nostalgia por el tranvía se resume, para muchos, la añoranza de una Damasco que combinaba tradición y modernidad, y cuyo espíritu aún resuena en las historias de quienes vivieron aquellos años dorados.
Esraa Dubian/ rsh/fm






