Damasco, 17 dec (SANA) Al-Rusafa, nombre que designa varios lugares históricos y contemporáneos del mundo islámico, remite principalmente a una de las ciudades arqueológicas más importantes de Siria, en la gobernación de Raqa.
Conocida como La Perla del Desierto, fue un destacado centro religioso, político y cultural durante las épocas bizantina y omeya. Su legado se extiende también a Irak, Hama e incluso a Al-Ándalus, donde existió la célebre Al-Rusafa de Andalucía.
Ubicada a unos treinta kilómetros al suroeste de la Raqa actual, junto al río Éufrates, Al-Rusafa siria reúne milenios de historia: ruinas monumentales, espiritualidad cristiana primitiva y esplendor islámico, convirtiéndola en uno de los enclaves arqueológicos más singulares del desierto sirio.
Al-Rusafa (Resafa), Sergiopolis y la Perla del Desierto
En fuentes griegas, Resafa se conoce como Sergiopolis, “Ciudad de Sergio”, en referencia a San Sergio, patrón de los cristianos árabes. Junto con San Baco, ambos soldados sirios originarios de Rusafa, la ciudad se convirtió en un importante centro de peregrinación cristiana tras su martirio.

Este prestigio religioso explica el sobrenombre de Perla del Desierto Sirio, que resume su valor espiritual y su refinamiento arquitectónico en medio de un paisaje árido.
Una ciudad fortificada y monumental
La grandeza de Al-Rusafa se refleja en sus ruinas. La ciudad estaba protegida por una muralla y contaba con iglesias, basílicas, una gran catedral, palacios, calles columnadas y un avanzado sistema hidráulico con depósitos de agua subterráneos y acueductos que circundaban el perímetro urbano.
Entre los edificios religiosos destacan la Iglesia de San Sergio y la Iglesia del Martirio, testigos de la importancia de Rusafa como centro cristiano en Oriente Próximo.
Hoy se llevan a cabo importantes trabajos de restauración del palacio gasánida, situado fuera de la muralla. El proyecto busca convertirlo en un museo regional que preserve y exhiba la riqueza artística, histórica y arqueológica de la ciudad.
La Rusafa de Hisham: el esplendor omeya
Durante la época omeya, Al-Rusafa alcanzó una nueva etapa de prosperidad. El califa Hisham ibn Abd al-Malik la transformó en una residencia de verano, pues la amplió y la embelleció hasta convertirla en un oasis urbano en el corazón del desierto. De ahí proviene el nombre “Rusafa de Hisham”.
A Hisham se le atribuye la construcción de dos palacios; uno de ellos fue descubierto en excavaciones. En los alrededores de la ciudad figura Abd al-Rahman I, último príncipe omeya superviviente, que se refugió en la región antes de huir a Al-Ándalus, donde fundaría el Califato Omeya de Córdoba.

Convivencia religiosa y decadencia
Tras la caída del poder omeya en Siria, Al-Rusafa continuó floreciendo hasta comienzos del siglo X d. C. Fue célebre por la convivencia entre cristianos y musulmanes, evidenciada por la presencia simultánea de iglesias y una mezquita con dos mihrabs orientados al sur, así como por una amplia calle rectangular flanqueada por columnas monumentales.
La ciudad cayó ante las invasiones mongolas y quedó sepultada bajo la arena durante siglos.
Los descubrimientos arqueológicos de Sergiopolis
El redescubrimiento moderno de Al-Rusafa comenzó en 1952, cuando un equipo de arqueólogos alemanes —entre ellos Schneider, Spahner y Musil— inició excavaciones que se prolongaron siete años. Estos trabajos sacaron a la luz partes de palacios omeyas, torres defensivas y estructuras subterráneas de ladrillo.
En 1968, nuevas excavaciones, realizadas con la Dirección General de Antigüedades y Museos de Siria, permitieron descubrir la puerta más hermosa de la ciudad, decorada con inscripciones, motivos geométricos y relieves de su lado norte.
Bajo cinco metros de arena se hallaron incensarios, copas de plata y doradas de origen gasánida, losas de mármol, monedas omeyas y numerosas inscripciones en siríaco. Parte de estos hallazgos se conserva hoy en el Museo de Damasco; otros se exhiben en museos occidentales.
Historia de Al-Rusafa (Resafa)
Resafa aparece en textos antiguos, incluidos registros asirios, y fue disputada por griegos, romanos y persas. Algunos estudios sugieren que la Resafa citada en la Torá podría corresponder a esta ciudad. Antes de la era islámica, desarrolló fortificaciones poderosas para resistir invasiones sasánidas y formó parte del Imperio Palmireno, que se extendía desde el norte de África hasta el Golfo.
Una joya del patrimonio sirio
Hoy, Al-Rusafa permanece como testimonio silencioso de siglos de historia compartida entre civilizaciones, religiones y culturas. Sus ruinas, aún emergiendo del desierto, narran la historia de una ciudad que fue fortaleza, santuario, residencia califal y símbolo de convivencia, consolidando su lugar como una de las joyas más valiosas del patrimonio histórico de Siria.
Esraa Dubian/ rsh/ fm






