Damasco, 8 jul (SANA) Las relaciones entre Siria y Estados Unidos han atravesado en las últimas décadas profundas transformaciones, desde una cooperación diplomática cautelosa hasta tensiones políticas y militares, una ruptura casi total y un estricto régimen de sanciones económicas, antes de entrar en una nueva etapa tras el derrocamiento del régimen de Al-Assad.
A finales de 2024, Damasco y Washington iniciaron un nuevo camino diplomático que reconfiguró el equilibrio de poder en la región.
Ese acercamiento acelerado se reflejó en una serie de reuniones bilaterales entre el presidente sirio, Ahmed Al-Sharaa, y el presidente estadounidense, Donald Trump, que allanaron el camino para poner fin a la era de las sanciones y abrir una fase marcada por el diálogo, el apoyo a la estabilidad y la colaboración en la reconstrucción y la recuperación económica.
Este informe repasa los principales hitos históricos y políticos que marcaron la evolución de las relaciones sirio-estadounidenses desde la independencia de Siria, pasando por décadas de tensión, ruptura diplomática, sanciones económicas y la Ley César, hasta el actual proceso de apertura política y las dimensiones de la nueva alianza.
De la independencia a la Guerra Fría
Las relaciones diplomáticas formales entre Damasco y Washington comenzaron en 1945, pero tras la independencia de Siria en 1946 se tensaron por las diferencias en torno a asuntos regionales, especialmente la cuestión palestina.
La brecha se profundizó con la intensificación de la Guerra Fría y el acercamiento de Damasco a El Cairo y Moscú, hasta desembocar en una ruptura diplomática en 1957.
Los vínculos no se reanudaron hasta después del colapso de la unión entre Siria y Egipto en 1961.
Tras la llegada al poder del Partido Baaz en 1963, las relaciones sirio-estadounidenses se volvieron aún más tensas y terminaron por romperse, especialmente después de la guerra de 1967 y la ocupación israelí del Golán sirio, un hecho que alteró el equilibrio de poder regional e internacional.
La era Nixon: una mejora relativa en las relaciones bilaterales
Las relaciones entre Siria y Estados Unidos registraron una mejora relativa tras la guerra de 1973, con la visita del presidente estadounidense Richard Nixon a Damasco en 1974, la primera de un mandatario estadounidense en ejercicio a Siria.
Ese viaje supuso la reanudación de los contactos diplomáticos entre ambos países.
El diálogo continuó durante la presidencia de Jimmy Carter, y los vínculos entraron en una fase de mayor acercamiento con la participación de Siria en la coalición internacional para la liberación de Kuwait en 1991.
Aunque Estados Unidos impuso sanciones a Siria en 1979 tras designarla como Estado patrocinador del terrorismo, los canales diplomáticos nunca se interrumpieron por completo.
La comunicación se mantuvo durante la década de 1990, especialmente cuando Washington asumió el papel de mediador en las negociaciones de paz con Israel, desde la Conferencia de Madrid de 1991 hasta la visita del presidente Bill Clinton a Damasco en 1994 y la reunión de Ginebra en 2000.
Relaciones sirio-estadounidenses desde 2000 hasta la Revolución
Con la llegada al poder del criminal Bashar al-Asad en 2000, las relaciones comenzaron con intentos limitados de diálogo, que se disiparon rápidamente.
Las tensiones se intensificaron tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la invasión de Irak en 2003 y el asesinato en 2005 del ex primer ministro libanés Rafik Hariri, del que inicialmente se culpó a Bashar al-Asad y a su aliado Hezbolá.
Con el estallido de la Revolución Siria en 2011, las relaciones entraron en una etapa de ruptura total y aislamiento internacional, mientras Estados Unidos imponía amplias sanciones.
Esa escalada continuó hasta la caída del depuesto régimen a finales de 2024.
De 1979 a la Ley César
Las sanciones estadounidenses contra Siria estuvieron históricamente vinculadas a las políticas y posiciones regionales del depuesto régimen.
La primera fase comenzó en 1979, cuando Washington designó a Siria como Estado patrocinador del terrorismo, lo que implicó severas restricciones a la ayuda estadounidense, la prohibición de la venta de armas y equipos militares, y una estricta supervisión de las transacciones económicas y financieras.
Durante la década de 1980, las sanciones continuaron, aunque su impacto fue limitado en comparación con fases posteriores, debido a la naturaleza de la economía siria de entonces y a su fuerte dependencia del sistema socialista y de sus relaciones con la Unión Soviética.
Tras la llegada al poder de Bashar al-Assad y su alineamiento con el eje Irán-Hezbolá, el Congreso de Estados Unidos aprobó en 2003 la Ley de Responsabilidad de Siria.
Esa legislación impuso restricciones a las exportaciones estadounidenses hacia Siria, prohibió determinadas transacciones comerciales y adoptó medidas adicionales contra entidades vinculadas al régimen.
Las relaciones se deterioraron aún más tras el asesinato de Rafik Hariri el 14 de febrero de 2005 y las posteriores acusaciones internacionales contra el régimen sirio por su presunta participación en el crimen.
Esto llevó a Washington a retirar a su embajador de Damasco e imponer nuevas medidas punitivas.
Sanciones de Estados Unidos tras la Revolución Siria
El inicio de la Revolución Siria, el 18 de marzo de 2011, marcó un punto de inflexión decisivo.
Las sanciones dejaron de centrarse únicamente en individuos y figuras públicas para dirigirse contra sectores económicos vitales y amplias entidades vinculadas al antiguo régimen.
Desde abril de 2011, Washington impuso sanciones al sector petrolero sirio, congeló activos vinculados al régimen y estableció amplias restricciones a las transacciones financieras y comerciales.
Estas medidas estuvieron acompañadas por una congelación total de las relaciones diplomáticas y la retirada del embajador estadounidense de Damasco.
En los años siguientes, el alcance de las sanciones se amplió para incluir a aliados y partidarios del antiguo régimen, especialmente entidades y empresas vinculadas a Irán y Rusia, en un intento de aislarlo política y económicamente.
Las sanciones estadounidenses alcanzaron su punto máximo con la aprobación de la Ley César de Protección Civil de Siria, en diciembre de 2019, que entró en vigor en junio de 2020.
La Ley César
La ley se basó en miles de fotografías filtradas que documentaban torturas y asesinatos en centros de detención del antiguo régimen.
Esas imágenes fueron filtradas por Farid al-Mazhan, exjefe del departamento de pruebas forenses de la Policía Militar de Damasco, quien desertó del régimen y se hizo conocido como “César”.
La Ley César se diferenció de todas las sanciones anteriores por su amplio alcance.
No se limitó a castigar a los pilares del régimen, sino que se extendió a actores internacionales y entidades externas que le proporcionaban apoyo económico o militar.
También se dirigió a sectores vitales como la energía, la construcción y las finanzas mediante las denominadas sanciones secundarias.
En un contexto relacionado, el Congreso de Estados Unidos aprobó dos leyes para combatir el tráfico de Captagon, en diciembre de 2022 y abril de 2024, dirigidas contra redes vinculadas al régimen que utilizaban el narcotráfico como una de sus principales fuentes de financiación.
La caída del antiguo régimen: una nueva fase
La caída del depuesto régimen en Damasco, el 8 de diciembre de 2024, y el triunfo de la revolución siria marcaron un punto de inflexión histórico.
Washington pasó de una política de presión y sanciones a abordar una nueva realidad política.
El nuevo Estado sirio emprendió una intensa actividad diplomática para reconstruir las relaciones exteriores del país, con prioridad en el levantamiento de las sanciones estadounidenses como requisito indispensable para apoyar la recuperación económica e impulsar la reconstrucción.
En este contexto, las relaciones experimentaron un rápido desarrollo, que culminó con el anuncio del presidente estadounidense Donald Trump, en junio de 2015, sobre el fin del programa de sanciones impuesto a Siria.
La medida mantuvo únicamente las sanciones contra figuras del antiguo régimen implicadas en crímenes de guerra y contra entidades vinculadas al terrorismo y al narcotráfico.
Esa decisión histórica se produjo tras una reunión entre el presidente al-Sharaa y Trump, en presencia del príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, celebrada en Riad en mayo de 2025.
El encuentro rompió oficialmente el estancamiento y marcó la primera reunión directa entre los jefes de Estado de ambos países en décadas.
La reunión entre el presidente Ahmed al-Sharaa y el presidente Donald Trump en Riad abordó el futuro de las relaciones sirio-estadounidenses y el cambio de rumbo desde las sanciones hacia la asociación.
Reuniones entre Al-Sharaa y Trump
El encuentro proporcionó una plataforma para debatir el futuro de los vínculos bilaterales y las formas de apoyar a Siria en su etapa de recuperación y reconstrucción.
También puso énfasis en la importancia de levantar las restricciones económicas y fortalecer la cooperación en materia de estabilidad regional y lucha contra el terrorismo.
En septiembre de 2025, ambos presidentes celebraron una segunda reunión al margen de las sesiones de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, con el objetivo de reforzar la comunicación política.
Posteriormente, en noviembre de 2025, tuvo lugar una tercera reunión importante en la Casa Blanca durante la visita oficial del presidente Ahmad Al-Sharaa a Washington.
La visita fue considerada un acontecimiento histórico y sin precedentes, al tratarse de la primera de un presidente sirio a la Casa Blanca desde la independencia del país en 1946.
Las conversaciones se centraron en el desarrollo de la asociación política, económica y de seguridad.
La próxima reunión en Ankara: nuevos horizontes
Las miradas se dirigen ahora hacia una etapa renovada en las relaciones, ante la prevista reunión entre los presidentes Donald Trump y Ahmad Al-Sharaa.
El mandatario sirio llegó hoy a Ankara, capital de Türkiye, donde se celebra la cumbre de la OTAN.
La cita se produce en medio de una tendencia creciente que refleja la transición de las relaciones sirio-estadounidenses desde una etapa de sanciones y distanciamiento hacia una nueva fase de diálogo constructivo y cooperación estratégica.
El encuentro reviste especial importancia porque se enmarca en un movimiento internacional y regional más amplio, que refuerza el papel de Siria en la promoción de la seguridad y la estabilidad regionales y apoya los esfuerzos de recuperación económica integral.
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