París, 18 may (SANA) En medio del aumento de las repercusiones de la guerra en Oriente Medio sobre los mercados energéticos y financieros, las reuniones de ministros de Finanzas del G7 en París se han transformado en una especie de sala internacional de gestión de crisis económica, en un intento de impedir que la tensión en el estrecho de Ormuz se extienda al conjunto de la economía mundial.
La guerra ya comienza a reflejarse en el alza de los precios del petróleo, la volatilidad de los mercados de bonos y las cadenas de suministro, reavivando además los temores a una nueva ola inflacionaria y a una desaceleración económica global.
Las reuniones celebradas este lunes tienen lugar en un momento especialmente delicado, marcado por la persistente perturbación de la navegación en el estrecho de Ormuz, el aumento del crudo por encima de los 110 dólares por barril y una amplia ola de ventas en los mercados internacionales de deuda, que ha llevado los rendimientos de los bonos estadounidenses, japoneses y europeos a sus niveles más altos en años.
Ormuz domina la agenda
El ministro alemán de Finanzas, Lars Klingbeil, afirmó que la guerra y el bloqueo impuesto al estrecho de Ormuz representan una “grave amenaza para la economía mundial”, y consideró que el G7 constituye “el foro adecuado” para debatir vías que permitan poner fin a la crisis de manera duradera.
En las reuniones participan ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales de las principales economías industrializadas, con especial atención a las consecuencias de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán y su impacto sobre la inflación global, los precios de la energía y el comercio internacional.
Por su parte, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Valdis Dombrovskis, subrayó la necesidad de reabrir el estrecho de Ormuz “lo antes posible”, advirtiendo de que la prolongación de las interrupciones marítimas aumentará las presiones sobre la economía internacional.
El Grupo de los Siete está integrado por Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón, además de la participación permanente de la Unión Europea.
Temores a una nueva ola inflacionaria
Los gobiernos occidentales temen que la persistente subida de los precios del petróleo eche por tierra los esfuerzos realizados por los bancos centrales durante los dos últimos años para contener la inflación, especialmente ante el retorno de las expectativas de nuevas alzas en los tipos de interés.
Según la herramienta “Fed Watch”, las probabilidades de que la Reserva Federal estadounidense vuelva a elevar las tasas antes de final de año superan ya el 50 %, mientras que los mercados anticipan medidas similares por parte del Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra.
El estratega jefe de tipos de interés del banco DBS, Eugene Leow, afirmó, según un informe publicado por el diario Asharq Al-Awsat, que los mercados atraviesan una fase de “reajuste generalizado” debido al aumento de los riesgos relacionados con la inflación y la energía.
A su vez, Charu Chanana, de Saxo Bank, consideró que el escenario de “tipos altos durante más tiempo” ha regresado con fuerza a los mercados internacionales.
División dentro del G7
Aunque existe consenso sobre la gravedad de la situación, las reuniones también evidencian profundas divergencias dentro del G7 respecto a la forma de gestionar la crisis.
Estados Unidos impulsa un endurecimiento de las presiones económicas sobre Irán. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció que pedirá al grupo adoptar un régimen de sanciones más amplio para impedir la financiación de lo que calificó como “la maquinaria de guerra iraní”.
En contraste, los países europeos parecen más centrados en contener las repercusiones económicas y evitar que los mercados caigan en una recesión generalizada, especialmente ante las presiones inflacionarias que ya afectan a las economías del continente.
Japón, por su parte, aparece como el país más preocupado por las perturbaciones en los mercados de bonos y deuda, sobre todo tras informaciones que apuntan a la intención del Gobierno de emitir nuevos instrumentos de deuda para financiar paquetes de apoyo económico vinculados a las consecuencias de la guerra.
El ministro francés de Finanzas, Roland Lescure, declaró que la economía mundial enfrenta actualmente “desequilibrios insostenibles”, aludiendo al exceso de consumo en Estados Unidos, la debilidad de la demanda en China y la disminución de la inversión en Europa, factores que aumentan la vulnerabilidad global frente a las tensiones geopolíticas.
Metales raros y cadenas de suministro
La agenda del G7 no se limita al petróleo y la inflación, sino que también incluye el expediente de los minerales raros y tierras raras estratégicas, en medio de los esfuerzos occidentales por reducir la dependencia de China en las cadenas de suministro críticas.
Francia confirmó que las principales economías industrializadas estudian mecanismos conjuntos para supervisar los mercados y garantizar fuentes alternativas de minerales esenciales utilizados en las industrias de defensa, tecnología y energías renovables.
Estas discusiones coinciden con crecientes alteraciones en las cadenas globales de suministro debido al aumento de los costes de transporte y energía y a la interrupción de algunas rutas comerciales vinculadas a Oriente Medio.
El mundo ante una nueva prueba económica
Con el petróleo en alza, el incremento de las tensiones geopolíticas y el retorno de los temores inflacionarios, el G7 afronta una de las pruebas económicas más difíciles de los últimos años.
Mientras las grandes potencias intentan evitar un nuevo colapso de los mercados, el futuro de la economía mundial sigue estrechamente ligado al destino del estrecho de Ormuz, convertido ya no solo en un corredor energético, sino en un punto clave que marca el ritmo de toda la economía internacional.
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