Damasco, 15 jul (SANA) La Gran Mezquita Omeya de Damasco, uno de los monumentos religiosos más antiguos y emblemáticos del mundo islámico, resume entre sus muros siglos de historia, fe y patrimonio.
Levantada sobre un lugar sagrado que fue templo romano y posteriormente iglesia cristiana, la Mezquita constituye hoy uno de los principales símbolos de la capital siria y un referente de la arquitectura islámica que trascendió las fronteras de Oriente para influir en algunos de los monumentos más célebres de Europa.
De templo romano a icono del islam
El lugar donde hoy se alza la mezquita fue originalmente un templo dedicado a Júpiter durante el Imperio romano. Con la expansión del cristianismo, el recinto fue transformado en una iglesia consagrada a San Juan Bautista, personaje venerado tanto por cristianos como por musulmanes.

Tras la llegada del islam a Siria en el siglo VII, el califa omeya Al-Walid ibn Abd al-Malik ordenó la construcción de la mezquita entre los años 706 y 715, conservando elementos arquitectónicos y simbólicos de las etapas anteriores. El resultado fue un edificio que marcó un antes y un después en la arquitectura islámica por sus dimensiones, riqueza decorativa y soluciones constructivas.
La Gran Mezquita Omeya pasó a convertirse en modelo para numerosas mezquitas del mundo musulmán y en uno de los grandes exponentes del esplendor alcanzado por el Califato Omeya, cuya capital fue Damasco.
Un legado que llegó hasta Al-Ándalus
La influencia de la Mezquita Omeya cruzó el Mediterráneo con la llegada de Abd al-Rahmán I a la península ibérica y la fundación del Emirato Omeya en el siglo VIII.
Su huella quedó reflejada de manera sobresaliente en la Mezquita de Córdoba, donde los arquitectos adaptaron modelos constructivos procedentes de Siria. Entre los elementos heredados destacan el amplio patio porticado, la gran sala de oración de planta rectangular y el innovador sistema de arcos superpuestos, una solución arquitectónica que permitió ampliar los espacios interiores y elevar las cubiertas.

Los mosaicos dorados, la decoración vegetal y geométrica inspirada en el arte bizantino y damasceno, así como la armonía entre los espacios abiertos y cubiertos, también fueron incorporados al patrimonio arquitectónico andalusí.
Ese legado trascendió posteriormente al ámbito religioso e influyó en palacios y edificios monumentales de la España islámica, entre ellos la Alhambra de Granada, donde las técnicas decorativas, los complejos diseños geométricos y la integración entre arquitectura, agua y jardines reflejan la continuidad de una tradición artística nacida en Damasco.
Un símbolo de convivencia y memoria histórica
Uno de los rasgos más singulares de la Gran Mezquita Omeya es que alberga el santuario donde, según la tradición, reposan los restos de San Juan Bautista, el profeta Yahya para los musulmanes, circunstancia que convierte al templo en un excepcional símbolo de encuentro entre las tradiciones cristiana e islámica.

En las inmediaciones del recinto también se encuentra el mausoleo del sultán Salah ad-Din al-Ayyubi, conocido en Occidente como Saladino, figura histórica asociada a la recuperación de Jerusalén durante las Cruzadas.
La presencia de ambos lugares de veneración ha consolidado a la mezquita como uno de los principales centros espirituales de Siria y un espacio donde convergen historia, religión y memoria colectiva.
Durante el siglo XX y lo que va del XXI, el recinto ha recibido la visita de jefes de Estado, líderes religiosos y personalidades de distintos países, reforzando su dimensión como patrimonio de valor universal.
Un monumento vivo que mira al futuro
Lejos de ser únicamente un monumento histórico, la Gran Mezquita Omeya continúa desempeñando un papel activo como centro religioso y destino cultural.
La guía Nuha Amer explicó a SANA que el templo recibe un promedio de ocho mil visitantes por día, procedentes de países como Türkiye, Malasia, Estados Unidos, Canadá, Polonia y Alemania.
“Los visitantes vienen a la mezquita desde diversos países atraídos por su valor histórico, religioso y arquitectónico”, señaló.

Por su parte, Kamal Ziad Husen, director de la oficina de recepción de delegaciones de la mezquita, afirmó a SANA que el complejo experimenta una recuperación sostenida del turismo.
“La Mezquita Omeya es uno de los principales destinos religiosos, culturales y turísticos de Siria y hemos registrado un aumento del 45 % en el número de visitantes”, indicó.
Más de trece siglos después de su construcción, la Gran Mezquita Omeya sigue siendo uno de los mayores testimonios del diálogo entre civilizaciones. Su evolución histórica, la convivencia de símbolos cristianos e islámicos y su extraordinaria influencia arquitectónica la convierten en uno de los patrimonios culturales más importantes de Oriente Próximo y en un emblema vivo de la continuidad histórica de Siria.
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