Damasco, 10 jun (SANA) En su nueva novela, El Imperio de la Corrupción: Un Estado de Teatro de Sombras, el escritor y periodista Ghaith Hammour propone una experiencia narrativa que combina simbolismo político y sátira oscura, al recuperar el universo del teatro de sombras y sus personajes populares para contar una historia marcada por la opresión y el miedo.
Publicada por Noon Publishing, Printing, and Distribution House en junio de 2025, la obra consta de 154 páginas en formato pequeño y sitúa su trama en un reino ficticio llamado Arubita, que pronto se convierte en la conciencia de sus habitantes en Fasadistán, un territorio dominado por el miedo, la corrupción y una autoridad que invade todos los aspectos de la vida cotidiana.
Sátira negra frente a la opresión
Hammour recurre a la sátira como herramienta artística para desnudar la estructura de la tiranía. Lo hace a través del rey déspota Majaleh Majaleh, cuya arbitrariedad llega al punto de nombrar a su burro como gobernante del país.
La imagen del animal se convierte entonces en símbolo oficial: aparece en las calles, se menciona en los libros y se corea en consignas, mientras todo aquel que se atreve a cuestionar su “prestigio” es castigado.
A partir de esta construcción simbólica, la novela expone los mecanismos de opresión empleados por los regímenes despóticos para someter a los pueblos, así como el papel de los aparatos de seguridad, los medios de comunicación y el miedo colectivo en la transformación de la injusticia en una práctica cotidiana que deja de provocar sorpresa y termina imponiendo silencio.
El teatro de sombras como voz del pueblo
La obra recupera las figuras de Karagoz y Hacivat, personajes del folclore y del teatro de sombras oriental, y los convierte en un punto de partida narrativo que enlaza la tradición popular con las preguntas del presente.
Con ello, la novela reafirma la capacidad del arte popular para resistir la censura y confrontar al poder, incluso cuando los propios personajes ficticios se convierten en blanco de los aparatos de seguridad.
En declaraciones a SANA, Hammour explicó que eligió a Karagoz y Hacivat porque el teatro de sombras fue históricamente una voz del pueblo, una forma satírica de enfrentar a la autoridad cuando la gente no podía hablar de manera directa.
El autor señaló que la novela intenta revelar cómo se fabrica un tirano y cómo el absurdo puede convertirse en norma cuando la sociedad se acostumbra a él.
Desmantelar el sistema de la tiranía
La novela no se limita a condenar la injusticia como práctica política, sino que busca desmontar la mentalidad y los mecanismos de quienes ejercen el poder.
Para ello, recurre a personajes vinculados al mundo de la inteligencia, el círculo íntimo del poder, los medios de comunicación y los intelectuales aduladores, que funcionan como alegorías de modelos presentes durante décadas en la realidad siria.
La trama sigue a Mulham, un veterinario que se ve cercano a los círculos de poder y descubre gradualmente la magnitud de la devastación y la opresión que afectan al país, hasta verse obligado a huir con su familia al exilio.
Su historia se entrelaza con relatos de refugio, amor, pérdida y búsqueda de sentido en medio de la destrucción.
En ese sentido, la novela no aborda únicamente la política, sino que también documenta las transformaciones sociales y psicológicas vividas por los sirios durante los años de la Revolución, junto con la pérdida de seguridad, el desplazamiento forzado y la crisis existencial.
Entre el simbolismo y la documentación satírica
Hammour afirma que su obra aborda todo el sistema, desde cortesanos y carceleros hasta medios de comunicación, intelectuales aduladores y personas que repiten consignas por miedo al castigo.
Según el autor, la novela contiene mucho humor, pero se trata de un humor doloroso, porque el lector descubre que aquello que le provoca risa se parece a una herida real que ha vivido o presenciado.
Críticos consideran que El Imperio de la Corrupción se inscribe dentro de una corriente de narrativa siria que busca abordar los años de revolución, guerra y tiranía mediante el simbolismo y la sátira, lejos del discurso político directo.
En este contexto, el crítico Ahmed Al-Arabi observó que el uso del burro como símbolo del gobernante y del sistema que lo rodea otorga al texto una fuerte carga irónica, aunque en ocasiones parezca cargado de doble sentido. Sin embargo, consideró que ello forma parte de una elección artística destinada a exponer la tiranía mediante el simbolismo satírico.
Así, El Imperio de la Corrupción abre una nueva vía para que la narrativa siria explore formas de escritura satírica capaces de combinar la documentación política con el simbolismo artístico.

rsh