Tartus, 9 jun (SANA) Frente al puerto de Tartus, en la costa siria, una pequeña isla emerge sobre las aguas del Mediterráneo como un archivo vivo de la historia. Sus murallas, embarcaderos, callejuelas y barcos de madera cuentan el paso de fenicios, griegos, romanos, cruzados y musulmanes, mientras sus habitantes mantienen tradiciones ligadas al mar que han sobrevivido durante siglos.
Arwad, la única isla habitada de la costa siria, es un lugar donde el pasado y el presente conviven en apenas unas hectáreas de territorio, convirtiéndose en uno de los espacios patrimoniales más singulares del Levante mediterráneo.
Un sitio marítimo que forjó la historia
Ubicada a unos tres kilómetros de la costa de Tartus, Arwad tiene una longitud aproximada de 750 metros y una anchura de 450. Su forma semicircular y los pequeños islotes rocosos que la rodean, conocidos históricamente como las “Banat Arwad”, le otorgaron una posición privilegiada para controlar las rutas marítimas.
Esa ubicación estratégica convirtió a la isla en un importante centro comercial y defensivo, capaz de vigilar parte del tráfico del Mediterráneo oriental y de proteger la costa siria. A lo largo de los siglos, sus habitantes desarrollaron una reconocida tradición en la navegación y la construcción naval, actividades que impulsaron su influencia regional.
Gracias a esa combinación de geografía y experiencia marítima, Arwad desempeñó un papel destacado en la historia económica y militar de la región.
Arwad en las fuentes y civilizaciones antiguas
El historiador Ammar Al-Nahar explica que la isla estuvo habitada desde el tercer milenio antes de Cristo y aparece mencionada en las tablillas de Ebla, las Cartas de Amarna, documentos del antiguo Egipto y fuentes clásicas griegas, árabes e islámicas.
Estos testimonios reflejan, según el investigador, la profundidad histórica de Arwad y su relevancia como centro comercial y marítimo del Mediterráneo oriental.

Durante la época fenicia, la isla alcanzó su máximo esplendor como un reino marítimo independiente dotado de una poderosa flota. Sus comerciantes navegaron hasta las costas africanas y los puertos egipcios, mientras sus gobernantes participaron en alianzas navales y mantuvieron relaciones con los grandes imperios de la antigüedad.
Aunque estuvo bajo la influencia de asirios, persas y griegos en distintos periodos, conservó un importante grado de autonomía e incluso acuñó su propia moneda durante la época aqueménida.
Con la llegada de Alejandro Magno en el siglo IV antes de Cristo, Arwad pasó a formar parte del mundo helenístico y posteriormente del Imperio romano, sin perder su vocación comercial.
Tras la expansión árabe-islámica, la isla se transformó en una relevante base naval, reforzando la presencia marítima del naciente Estado islámico en el Mediterráneo.
Fortalezas, murallas y memoria nacional
La historia de Arwad también está escrita en sus fortificaciones.
Durante las Cruzadas, los Caballeros Templarios ocuparon la isla y levantaron murallas y torres defensivas que la convirtieron en una posición estratégica. En 1302, las tropas mamelucas del sultán Al-Nasir Qalawun recuperaron el enclave, considerado el último bastión cruzado en caer en la costa levantina.
La fortaleza principal conserva elementos arquitectónicos de distintas épocas, desde la cruzada hasta la otomana. En algunas de sus puertas aún pueden apreciarse símbolos heráldicos asociados a los Lusignan, reflejo de las numerosas culturas que dejaron su huella en la isla.

Siglos después, el castillo adquirió un nuevo significado histórico. Durante el Mandato francés sobre Siria fue utilizado como prisión para destacados activistas del movimiento nacional, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia anticolonial.
Tras la independencia del país, el edificio fue transformado en museo local, donde se conservan piezas arqueológicas y hallazgos procedentes de la isla y de sus alrededores.
Un patrimonio vivo y la necesidad de un estudio más profundo
Además de su ciudadela, Arwad alberga otros importantes elementos patrimoniales, como la torre ayubí, el antiguo puerto fenicio y un entramado urbano de estrechas callejuelas y viviendas de piedra que conservan la arquitectura tradicional vinculada al mar.
Su patrimonio, sin embargo, no se limita a los monumentos. La construcción artesanal de barcos de madera y la pesca siguen siendo actividades fundamentales para muchas familias, manteniendo vivo un conocimiento transmitido de generación en generación.
El director de Antigüedades de Tartus, Abdul-Hay Al-Muhammad, considera que gran parte de la historia de Arwad permanece aún bajo tierra debido a las limitadas excavaciones arqueológicas y a la ocupación continua del espacio urbano.
Según el especialista, los vestigios existentes confirman la enorme importancia histórica y cultural de la isla y ponen de manifiesto la necesidad de ampliar las investigaciones y proteger sus yacimientos.
Ese desafío se extiende también a la gestión del territorio. Arwad no es una ciudad antigua abandonada ni un museo al aire libre, sino una comunidad viva donde el patrimonio forma parte de la vida cotidiana.
El equilibrio entre la conservación de sus monumentos, la protección de sus tradiciones y el desarrollo turístico sostenible aparece hoy como uno de los principales retos para garantizar que esta pequeña isla del Mediterráneo siga custodiando, como lo ha hecho durante milenios, la memoria histórica de la costa siria.
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