Washington y su obsesión destructiva contra Venezuela

Damasco, 04 dic (SANA) 

Las diferentes administraciones de Estados Unidos, sin excepción, siempre han aplicado una política de intervención en los asuntos internos de Venezuela.

George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump o Joe Biden, cualquiera sea el nombre de los presidentes estadounidenses, que han centrado su política exterior para Latinoamérica han tenido como conducta el agredir a la Revolución Bolivariana, fijando sus garras en tratar de destruirla y con ello lograr el control, principalmente de sus reservas de hidrocarburos y otras riquezas minerales del país sudamericano.

Las administraciones estadounidenses en las últimas dos décadas, sin excepción, con su intromisión en los asuntos internos de Venezuela, han usado diversas herramientas de presión: políticas, diplomáticas, económicas, mediáticas, uso de mercenarios, acciones propias de la guerra híbrida todo ello bajo el marco de una política de máxima presión para destruir el proceso chavista, bajo el eufemismo de manipulador de implementar también en Venezuela la estrategia de las “revoluciones de colores”. Un proceso desestabilizador que ha contado con el apoyo servil de la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA) presidida por el cuestionado político uruguayo Luís Almagro, la complicidad de países europeos (Francia, el Reino Unido, Holanda, España) que ambicionan el petróleo venezolano y de cancillerías latinoamericanas (Chile, Brasil, Colombia, Ecuador, Uruguay), que obedecen el mandato de Washington comportándose como aquellos yanaconas al servicio del poder imperial, apoyando una política hostil contra un país hermano y así deteriorar drástica y dramáticamente el nivel de vida de la población venezolana y generar con ello, una reacción adversa de la sociedad contra el Gobierno.

En esa política de enfrentamiento, en que se utiliza a gobiernos aliados de Washington también han servido a esos propósitos, golpistas venezolanos, que no han dudado en traicionar a su país sometiéndola a los objetivos de destrucción digitados desde Washington. Una política que ha tenido una expresión tan surrealista como traicionera, el día que un político de segunda línea, se autoproclamó presidente en una plaza caraqueña en febrero del año 2019. Tal fue el caso del político derechista Juan Guaidó, designado por el gobierno del expresidente Donald Trump y la vieja guardia derechista venezolana para “liderar” una oposición decidida a derrocar al Gobierno presidido por Nicolás Maduro, con todas las armas que proporciona la estrategia del Golpe Suave.

En estos casi tres años de un gobierno tan fantasioso como aliado del golpismo, surgido desde las oficinas de la Casa Blanca y el edificio vecino de la OEA en la ciudad de Washington, Guaidó y su círculo han recibido ilegalmente 30 mil millones de fondos pertenecientes al Estado venezolano, para llevar a cabo las maniobras políticas de desestabilización, pero también para su enriquecimiento personal. En una operación de rapiña y expolio, sin que los organismos internacionales y gobiernos que se llenan la boca respecto a la democracia y el respeto a las leyes internacionales, testigos de la manera del cómo se ha esquilmado a Venezuela, pero sin emitir palabra alguna de condena: Robo de fondos de la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y, el saqueo de las reservas de oro depositadas en bancos europeos. El control de la empresa Monómeros a manos del Gobierno colombiano, tras permanecer en manos del ficticio gabinete de Guaidó desde agosto del año 2019, apropiándose de cientos de millones de dólares pertenecientes al Estado venezolano.

Guaidó, de la mano de su padre putativo, primero Trump y hoy Joe Biden trata de mantenerse a flote como el líder de una oposición venezolana dividida, que tendrá su primera prueba de fuego en las elecciones regionales del próximo 21 de noviembre, frente a un Chavismo que cuenta con elementos de mejora económica en el país gracias al precio del petróleo, que se espera no sea una maldición, sino que un aliciente a mantener las líneas de diversificación de la matriz productiva, que amplíe el abanico de productos generados en la propia Venezuela.

Mientras existe diálogo entre la oposición y el Gobierno, Guaidó sigue manteniendo su conducta golpista, con menos intensidad que al inicio de su autoproclamación, donde ha cesado su discurso del llamado al “cese de la usurpación” pero sigue con su tarea de tratar de derrocar al Gobierno de Maduro, violando la constitución venezolana, y sin tener propuestas concretas para resolver las situaciones que complican al país en múltiples campos. Un Guaidó que cuenta con el apoyo de Washington y su afán destructivo, porque es un títere obediente a los hilos con que se le maneja y seguirá recibiendo el apoyo de su padre putativo. Esto será así, mientras cumpla de manera clara e incuestionable las instrucciones que emanen del cuartel general de la oposición al Gobierno de Maduro.

Necesidad de Justicia

Más temprano que tarde el cese del cabildeo por parte de Occidente a favor de Guaidó lo empujará a salir, no sólo de la arena política de Venezuela, sino también del país, para terminar refugiado en España o Estados Unidos, donde los cientos de millones de dólares robados al pueblo venezolano serán aceptados sin chistar. Pero, no se puede ni debe olvidar que el trabajo de inestabilidad generado por Guaidó a instancias de su patrón estadounidense debe ser llevado a la justicia, pues parte importante del deterioro de la situación económica y humanitaria del país se debió al propio pedido de Guaidó y los suyos para lograr sus objetivos políticos a costa del sufrimiento de millones de sus compatriotas. La justicia contra tanto crimen cometido a costa del sufrimiento de millones de venezolanos alcanzará más temprano que tarde a Guaidó y a los suyos.

El Gobierno venezolano, por su parte, busca estabilizar la situación de manera pacífica, denunciando urbi et orbi la política de Estados Unidos contra Venezuela y la utilización que se ha hecho de venezolanos para propiciar daño a su propio país. En su intervención en el 76.° período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) celebrada el día 22 de septiembre el mandatario venezolano exigió el levantamiento de todas las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea (UE) contra la economía y la sociedad de Venezuela, calificándolas como una “persecución financiera, monetaria, comercial, económica, energética, sistemática, cruel y criminal. Igualmente rechazamos el secuestro y robo de miles de millones de dólares en cuentas bancarias en Estados Unidos y el oro de las reservas internacionales del Banco Central de Venezuela depositados en bancos londinenses”. Maduro destacó también, en su alocución el hecho que los diálogos con la oposición habían logrado atraer hacia la negociación a amplios sectores de la oposición para que volvieran “a la política, a la Constitución y al camino electoral”.

Por su parte, en la VI Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (Celac) el día 19 de septiembre del 2021, el presidente Maduro mostró su estatura ganada a pulso, en años de batalla contra los mayores poderes del mundo enfatizando que la política internacional debe estar al servicio del derecho internacional y pasar la página del divisionismo y del acoso que se ha ensañado contra Venezuela, como también contra Cuba y Nicaragua. En palabras francas como certeras sostuvo, en clara referencia a los nuevos lacayos de Washington en Sudamérica, además de Iván Duque de Colombia, me refiero a Luis Lacalle Pou presidente de Uruguay y Miguel Abdo del Paraguay “tendríamos suficientes piedras, para tirar contra algunos de ustedes, pero no vinimos a tirar piedras, venimos a tender las manos para el trabajo, para el diálogo y para la unión de los grandes aconteceres”. Para ciegos, sordos y mudos, además de mancos como es el caso de Guaidó y los suyos el mensaje de la unidad representa simplemente una línea de trabajo que no lo asumirán y ante ello, los pueblos de Latinoamérica deben sepultar en el basurero de la historia a políticos serviles a Washington más que a sus propios pueblos.

Por Pablo Jofré Leal
Fuente: Hispan TV

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